
Es oficial, Pavement volverá a los escenarios el año que vine. No es una reunión definitiva ni habrá nuevo disco, pero es suficiente, por ahora. De todos los reencuentros acontecidos en el siglo XXI este es, sin duda, uno de los más importantes. Hay que celebrar, siempre por lo bajo. Hay que arrodillarse, juntar las manos y ponerse a rezar. Hay que reunirse con la gente indicada (y tal vez uno que otro a punto de iniciarse), escuchar Slanted and Enchanted, Crooked Rain, Crooked Rain, ver Slow Century de principio a fin y repetirlo si es necesario. Hay que ponerse a ahorrar. Conozco gente que ha viajado por Pearl Jam, por Radiohead, por Oasis. Salir de tu casa, de tu país, para ir a uno de esos conciertos que alimentan el alma me parece justo y necesario. Yo viajé por los Stones y hasta ahora tengo la sensación de triunfo. Pavement merece un viaje sin retorno.
Para muchos, Pavement es la banda más importante de los noventas y la razón de ser de lo que ahora conocemos como indie rock. Yo, la verdad, me los perdí en esa época (ni siquiera puedo pensar en alguien que me haya hablado de ellos por esos días, aunque seguramente fui yo el que no supo escuchar). Creo que recuerdo haber visto el video de Cut Your Hair en MTV, creo, pero no puedo estar seguro. Para mí, Pavement tiene que ver con los años posteriores a la universidad, con algo parecido a la madurez y, sobre todo, con un ejemplo de identidad y solvencia musical. Esta es una banda que nunca fue en busca de la perfección y quizás por eso, a su manera, la alcanzó. No quisieron ser parte de un momento sino crear un canal paralelo para los desubicados que no pertenecían a la era de los desubicados. Nunca tuvieron look ni se preocuparon demasiado por parecer una banda en las fotos. Jamás cambiaron de ruta para poder llevar más pasajeros. Fueron abucheados en el Lollapaooza del 95, donde el público que llegó a West Virginia los bajó del escenario a punta de bolas de lodo. La pasaron mal cuando sus contemporáneos la pasaban bien. Vendieron menos, tocaron menos y en lugares más pequeños. Nunca la pegaron realmente, pero eso no los detuvo, atravesaron una década entera y sacaron cinco discos que finalmente llegaron a las manos correctas. Ahora Pavement es una banda de culto y, como lo prueba esta reunión que venderá miles de entradas a meses de suceder, el tiempo por fin se ha puesto al día, a la altura, y podrá darle la talla a una banda que se le adelantó full.
Recuerdo escuchar las primeras canciones que me llegaron y pasar horas pensando ¿cómo lo hacen?, ¿cómo se puede tocar así?, ¿cómo se puede cantar así?, ¿será que ellos entienden lo que hacen o sólo lo hacen y ya? Al principio todo parece desprolijo, desafinado, fuera de tiempo y de orden, como un error que de a poco se endereza y camina y resulta ser más alto que el resto de ensayados aciertos. El dato Pavement no es producto de una serie de cálculos, o sí, pero no cálculos numéricos sino sentimentales e irónicos. En Pavement no hay fórmula, no hay plan, hay feeling y curiosidad. Sin obligaciones, sin ataduras. Pavement suena como debería sonar la libertad.
















