11.23.2010

FIL/UIO 2010


Para festejar el primer cumpleaños de HD, el Grupo Santillana saca la versión de bolsillo vía Punto de Lectura. No podría estar más feliz, esta nueva edición viene recargada con bonus tracks en los que me dio mucho gusto estar involucrado. Primero, nueva portada, un diseño de Paolo Renella que le da todo el protagonismo visual al narrador. Segundo, comentarios de la prensa que en su momento le dio la mano a la novela y la ayudó a conectarse con el público. Tercero, Preguntas Frecuentes (una entrevista) que, como su nombre lo indica, reúne aquellas cuestiones que aparecieron sin falta en las distintas ciudades por donde pasó nuestro corto pero intenso book tour. Y cuarto, Lista de reproducción: el iPod de Miguel, un pequeño orgullo personal en el que hablo-escribo sobre algunas de las canciones que aparecen en la banda sonora del libro, canciones que, de alguna forma, me ayudaron a definir el camino de HD y fueron, son, la puerta por donde ha entrado mucha gente hacia sus páginas.

No podré estar en la FIL personalmente, pero el miércoles 24, a las 19h00 en la sala Bolívar Echeverría del Centro Cultural Itchimbía, conversaré con Eduardo Varas (autor de Los Descosidos) vía skype. El evento se llama, muy convenientemente, “En línea”, y el tema será autores y libros 2.0 en el Ecuador del siglo XXI. Quiénes somos, qué nos une, qué nos separa, cómo se hace para vivir en nuestro país y tratar de escribir al mismo tiempo.


Por lo pronto, acá les dejo un track del iPod de Miguel. Es sobre la versión de “Don’t Think Twice it’s All Right” que aparece en uno de los capítulos. Ojo: no encontré videos de la versión en cuestión, pero encontré a Sophie Madeleine y estoy enamorado.

Nombre: Don’t Think Twice It’s All Right. Duración: 4:36 Artista: Bob Dylan Álbum: Before The Flood (disc 2) Puntuación: *****

Este tema presenta a quien a mi juicio es el personaje más intenso de la novela: Juliana. Tenía claro que esa intensidad era peligrosa y exigía ser cuidadosamente dosificada, por eso aparece poco y sus apariciones provocan efectos secundarios. Juliana pone esta canción tras enterarse de que hay un nuevo personaje en la vida de Miguel: su imagen freak del amor eterno. Él dice que es una versión grabada en 1966, pero la versión con la que trabajé la escena, la misma que escucho mientras escribo esto, fue grabada en 1974 y aún me afecta. Dylan canta-grita entre la rabia y la desesperación, como si esa mujer a quien le canta-grita estuviese en primera fila con otro y él quisiera asfixiarla con sus cuerdas vocales. Toca la guitarra acústica acelerando el pulso del tiempo y lo vuelve punk. El solo de harmónica hacia el final tiene tanto pulmón que me deja sin aliento. Así, de esa misma manera en la que me imagino a Dylan tocando esta canción, imagino a Juliana amando a Miguel. Quien ama siempre tiene la razón porque el amor es irracional.

En los primeros borradores, ahí donde ahora dice “Royal Albert Hall, 1966”, decía “Before The Flood, 1974” Horas antes de entregar la novela a mi editora decidí cambiarlo, me pareció que lo más dylanesco era inventar una versión de Don’t… para HD (también pensé en inventar una canción “inédita” de Dylan y soñé que alguien, en alguna parte del mundo, la buscaría hasta perder la cabeza). El Royal Albert Hall existe y está en Londres, pero Dylan no grabó su “Royal Albert Hall” Concert allí sino en el Free Trade Hall de Manchester. El concierto se popularizó con el nombre equivocado y la disquera le hizo honor al azar imprimiendo el álbum doble con comillas en el título. Por eso la noche del 17 de mayo de 1966 es la indicada para que exista una versión que Dylan nunca cantó, una versión que sólo han escuchado Juliana y Miguel.

11.18.2010

New York City


Hace un par de días fui a almorzar con un amigo a un restaurante en Soho, downtown New York. Él es ecuatoriano, lleva viviendo acá un año, o más, y está feliz, sin planes de moverse, con ganas, incluso, de quedarse para siempre. “Nueva York es la única ciudad que te permite ser quien realmente quieres ser”, me dijo. Esa frase, esa afirmación, sigue rebotando entre las paredes de mi cerebro. ¿Cuánto influye la ciudad en la que vives a la persona que eres? ¿Mucho o poco? ¿Todo o nada?

Mi amigo, que es diseñador gráfico de profesión, músico practicante y artista multimedia en ciernes, me decía que lo más importante, la razón para vivir aquí y no en ninguna otra parte del mundo, es el roce con otras personas de la misma onda, estar expuesto al trabajo de otros artistas que, como él (¿cómo todos?), vinieron a NYC para transformarse en la clase de artista que puede vivir del arte, de producir y consumir arte, cosa que en nuestro país, en nuestros países, todavía resulta ser un camino cuesta arriba. Y sí, la verdad es que una ciudad como esta te inspira y te mueve y te acelera pero, sobre todo, te expone, a los mejores conciertos, las mejores películas, el mejor teatro. Mi amigo, por ejemplo, está haciendo un documental sobre la banda venezolana Los Amigos Invisibles, radicada en USA, y fui con él a entrevistar a David Byrne, sí, el mismo, el Psycho Killer de Talking Heads que adoptó a Los Amigos… en su sello de world music. Fuimos a su estudio, repleto de discos, libros y piezas de arte medio freak, y mientras mi amigo hacía su trabajo yo pensaba wow, sí, esto es lo que quiso decir. Only in New York.

Ayer, mientras esperaba a alguien en la puerta del Barnes & Noble de Union Square (cuatro pisos llenos de libros), vi a Paul Auster bajar de un auto negro con su esposa, la escritora Siri Hustvedt. Se prendió un cigarrillo y se acercó a la vitrina de la librería como quien se acerca a un espejo. Yo me acerqué luego y entendí, su rostro estaba en la lista de los events of the week. Resulta que iba a leer partes de Sunset Park, su flamante nueva novela, y a firmar ejemplares. Por supuesto que entré y lo escuché y compré la novela y ahora tengo su autógrafo. Pero, mientras Paul Auster leía capítulos que suceden en Brooklyn, yo miraba alrededor, pensando cuántos de esos, como yo, se creían más o mejores escritores por estar escuchando al autor de La Trilogía de Nueva York en vivo. Cuántos de esos, como yo, se creían más o mejores escritores por tener una moleskine en el bolsillo, del lado del corazón. Cuántos de esos habían ido a ver a Paul Auster para sostenerse, para aguantar un poco más hasta que les llegue el momento, para reafirmar su moral y fortalecerse. Cuántos de esos estaban escribiendo en Nueva York porque si escribes en Nueva York puede que te conviertas en Paul Auster.

Conozco gente que ha descubierto que su vocación, su verdadera vocación es vivir Nueva York. Esa gente prefiere morir peleando aquí a la posibilidad de triunfar en su país de origen, aunque eso signifique perderse en el anonimato de una ciudad donde todos, más o menos, viven intentándolo y, de alguna manera, ganan simplemente por el hecho de vivir aquí y seguirle el ritmo a una ciudad que no espera. Pienso en Shortbus, esa declaración de amor en forma de película que John Cameron Mitchell le dedicó a NYC, en las escenas en las que la gente se ama sin reservas y se mezcla y se funde y, finalmente, se acompaña.

11.15.2010

Un día de trabajo


David Foster Wallace dijo alguna vez que su rutina de trabajo era escribir una hora y sufrir otras ocho porque no escribía: esa práctica, sin duda, fue una variable (¿la más grave?) en la ecuación de su muerte. Algo parecido le pasaba a Syd Barret, que durante una época larga pasó meses enteros en cama, pensando en las cosas que quería hacer pero sin poder mover un dedo para llevarlas a cabo. Los proyectos, cuando se quedan dentro del cerebro, terminan apoderándose de las células que los generaron hasta reducirlas a la mínima expresión. La única medicina, dicen, es continuar, seguir creando, trabajar aunque al final del día no haya nada para provarlo.

Escucho A Working Day, la canción que abre A Lonely Avenue, un disco de Ben Folds con letras de Nick Hornby, y no puedo evitar sentirme acompañado, menos solo, sentir que todos, o por lo menos varios de nosotros, estamos jalando para el mismo lado. En las notas del disco, Hornby describe brevemente de qué va la canción: Shortly after this song was finished, I was to one of the parents at my kids’ school. He’s an artist, and I asked him how his day had been. “Oh, you know”, he said. “I’m either a genius or a wanker.” Yes, I do know, as does anyone who sits on their own all day making crap up. Verdad absoluta. Todo eso es cierto. De hecho: esa es. Un genio o un pajero (y las mil cosas que hay entre lo uno y lo otro), no hay de otra, no hay para dónde correr.

Al mejor estilo Hornby, la letra es una especie de poema escrito con humor y honestidad brutal. Mi frase favorita es el puente entre las estrofas y el coro: Some guy on the net thinks I suck / And he should know / He’s got his own blog. Nada menos que genial.

La primera vez que leí la letra (ojo, la edición en “pasta dura” viene con cuatro cuentos de Hornby), lo confieso, pensé que sería una balada depre, down, de esas que te pegan y te levantan al mismo tiempo. Después de todo, el coro dice I’m a loser, I’m a poser / Yeah really, it’s over / I mean it and I quit / Everything I write is shit. Imaginé una guitarra acústica medio Arcade Fire o un piano desafinado a lo Tom Waits, una voz maniaco depresiva onda Tom Yorke o Trent Reznor. Para ser franco, esa posibilidad me emocionó harto y casi me pongo a gritar sí, heramno, yo te entiendo, no llores. Luego escuché la canción real y todo se dio la vuelta. Empieza con pulso electro-irónico, como si se tratase de una broma dentro de un juego de video, y se transforma en una memorable pieza en la tradición del más fino Brit Pop.

Nick Hornby lo hizo de nuevo, agarró una tragedia (ese momento en el que se decide nunca más escribir una puta letra en la vida), le puso los pies en la tierra y terminó riéndose consigo mismo. Ben Folds cachó la jugada, le hizo justicia, la potenció. Porque sí, claro, pasan las horas y el infierno se acerca y quema y todo se acabó para siempre pero, al final, seguimos vivos, seguimos haciendo esto que queremos hacer, al final es sólo eso: un día de trabajo.



I can do this
Really
I’m good enough
I’m as good as them
Don’t take it from me
Ask my friends
Ask my sister
They all think my stuff is great
Up there with any of them
I just need a break

I’m a genius
Really
I’m excellent
Better than them
I kicked their asses
All of them
Even that guy who thinks he’s so fucking cool
And gets all the attention
He doesn’t sell shit does he?

Some guy on the net thinks I suck
And he should know
He’s got his own blog

I’m a loser, I’m a poser
Yeah really, it’s over
I mean it and I quit
Everything I write is shit

I’m a loser and a poser
Yeah really, it’s over
Hey hey
It’s a working day
Hey hye
It’s a working day



11.07.2010

Dos hermanos (o cueste lo que cueste)


Ciertos directores tienen sus temas claramente definidos, esas cosas que los persiguen o que ellos persiguen y encuadran desde varios ángulos, tal vez porque buscan la verdad o porque saben, de antemano, que jamás la encontrarán. El tema, el gran tema del argentino Daniel Burman es la familia, las relaciones puertas adentro, el mundo chico desde donde se parte al mundo grande. Y “Dos hermanos”, basada en la novela “Villa Laura” de su compatriota Diego Dubcovsky (quien dicho sea de paso es coguionista y coproductor de la cinta), es una forma memorable de querer explicar o tratar de entender lo que pasa en los caminos torcidos del ADN.

Susana (Graciela Borges) y Marcos (Antonio Gasalla) se han quedado huérfanos, ambos están entrando en la tercera edad y aunque no es exactamente lo que quisieran, se tienen el una al otro, poco más, poco menos. Sin recurrir al famoso flashback, de una manera tan sutil como certera, “Dos…” nos cuenta la historia de una familia que ha logrado lo más importante: salvarse de sí misma. Se nota que estos hermanos han pasado por mucho, que se han hecho daño y se han guardado secretos que capaz era mejor decir en voz alta. Pero aún así, contra todo pronóstico, siguen juntos y, a su manera, hasta se quieren. Eso de que uno no puede escoger a su familia es cierto, pero quizás, con suerte, puede escoger cómo llevar las relaciones familiares, cuándo decir lo que hay que decir y cuándo guardar silencio y dedicarse a estar, ahí, al lado, aguantando cosas que no tendría por qué aguantar, aguantando porque eso es lo que hacen las familias, se aguantan, se toleran, o mueren en el intento.

De alguna manera, esta es una película de autoayuda, no es light ni se disfraza de experiencia trascendental de vida, pero es el tipo de cinta que nos enfrenta a la verdad, que nos revela un poco de nuestra propia personalidad, de eso que no queremos ver, y al final nos hace creer que si ellos pueden, si Susana y Marcos no se han arrancado la cabeza mordidas ni se han sacado los ojos, si todavía pueden ver a Mirhta Legrand en televisión mientras comen pasta y toman vino, nosotros también podemos. Algo así, me queda claro, habría sido imposible de lograr sin gente del calibre de Graciela Borges, una de las actrices más bellas y solicitadas en la historia del cine argentino, y Antonio Gasalla, que viene de una larga vida de cómico en televisión y, en un caso muy parecido al de Guillermo Francella en “El secreto de tus ojos”, logra ponerse a la altura de las circunstancias y sale ganando. Con esta película, la verdad, ganamos todos.

(El Diario, 7 de noviembre 2010)

10.30.2010

La úlcera de José Donoso


La edición de bolsillo de El obsceno pájaro de la noche (Punto de Lectura, 2006), el clásico del escritor-chileno-del-boom José Donoso, viene con una especie de making of al final escrito por el mismo autor. El texto se llama Claves de un delirio: los trazos de la memoria en la gestación de El obsceno pájaro de la noche, es largo, generoso, contundente y se siente casi demasiado sincero. En su comentario en off, Donoso cuenta la historia de su muy pero muy particular úlcera, que se activa cada vez que se propone escribir una novela y que en el caso de El obsceno… casi acaba con su vida.


Al parecer Donoso empezó, como muchos, a bosquejar su novela escribiendo ideas sueltas, apuntes, sensaciones, capítulos enteros que no se conectaban entre sí, que vivían peleando bajo un mismo techo que se estaba quedando corto: y en eso se le fueron diez años. ¿Cómo se hace para vivir con una novela adentro durante diez años? Fácil, se sangra por dentro. En uno de estos ataques, sucedido en Estados Unidos, a Donoso le aplicaron morfina sin saber que era alérgico a ella. “Tuve un increíble acceso de locura, con alucinaciones, paranoia y, sobre todo, un terror más ancho que la vida”. Durante quince días, el escritor estuvo internado en una clínica, atrapado en un violento delirio esquizofrénico. Sentado frente a la cama del paciente estaba un profesor de lógica que Donoso había conocido unos pocos días antes, y que definió el episodio de salud como “una perfecta reconstrucción paralógica del universo”. “La política, el sexo, los prejuicios raciales enterrados, todos esos elementos adquirieron en esas alucinaciones otra vida… más grande”, cuenta José Donoso. Lo cierto es que una vez superada la crisis, el escritor no encontró otro remedio que quemar la novela en la que estaba trabajando con la esperanza de exorcizar así todos sus demonios. Por suerte, su esposa lo detuvo y le dijo que la única forma de escapar de la novela era, precisamente, terminarla, publicarla, deshacerse de ella por la vía legal y entregársela al mundo para que dejara de comerle las tripas. En ese momento, en un acceso de lucidez o en un acto de amor, Donoso volvió a intentarlo, se encerró con las cientos de páginas que ya había escrito y al cabo de ocho meses terminó lo que no había podido terminar a lo largo de una década entera.




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10.25.2010

Doble o nada: Los Pescados en el Rocktobeerfest


Seguimos en Kill City. Este miércoles 27 vamos a tocar en el Bierjaus (C.C. Comercial Las Terrazas, Samborondón), otra de nuestras casas acá en el Guayas. Gracias a toda la gente que fue y nos apoyó el sábado pasado en la inauguración del Santana Rock Bar. Lo de esa noche fue una celebración descontrolada, el comienzo de algo que podría ser grande, hubo mucho más feeling que rigor y la cosa se vivió a punta de ñeque, con el corazón por encima de los cables, cual CBGB criollo. Durante aquella faena el escenario se llenó de gente (al cartel original se sumaron Luis Rueda y El Jefe Vergara), el concierto se convirtió en un pequeño festival y tocamos poco pero escuchamos mucho. Ahora vamos con todo, para arriba, con un setlist que incluye temas de todos los discos y un par de cosas que no están en ellos, algo de El año del Pescado, algo de No somos siameses y algo, un adelanto, de Por la boca muere el Pez, el nuevo álbum que ya está en el horno. Vengan a servirse el aperitivo.

La foto es de Bruno Carranza, baterista de Víbora Julieta.

10.21.2010

Los Pescados en la casa de Santana


Este sábado 23 de octubre, desde las 21h00, estaremos en la inauguración de una nueva casa para el rock en Kill City. Santana Rock Bar (Rocafuerte y Padre Aguirre, donde solía estar el Heineken) abre sus puertas con un concierto, como corresponde. El cartel, que podría crecer sobre la marcha, tiene ahora tres bandas de cajón: Los Pescados, Demencia Extrema y Víbora Julieta. La movida guayaca sigue creciendo, vamos ahí.