3.15.2010

Urkh 24


Wish You Were Here ¿Cuándo fue la última vez que escuché este disco? No lo sé. Imposible adivinarlo. No he tenido una vida Pink Floyd, ni siquiera una época. He tenido, sí, momentos Pink Floyd. He tenido quince años o más o tal vez un poco menos y he escuchado The Wall sumergido en el agua de la tina en el baño de mi cuarto, ese tipo de cosas. Es más, hace poco, muy poco, que subí WYWH al iTunes y esta es la primera vez que lo escucho viniendo directamente desde mi biblioteca. Sé por qué lo escucho, lo escucho por Rodrigo Fresán. En “Agujeros negros, luces de colores y momentos maravillosos: explicación y agradecimientos” ese tan esperado (tan esperado como la novela que lo antecede) behind the music que viene (que siempre viene) en El fondo del cielo, lo nuevo de Fresán, el argentino escribe que este “puede ser considerado como el disco de cabecera de El fondo del cielo y siempre me pareció el perfecto soundtrack para un film de ciencia-ficción intimista y doméstico”.

Esperen, el disco se acabó. No, los discos no se acaban. Dejó de sonar, quise decir.

Va de nuevo. Ahora sí. ¿Dónde me quedé?

Ah, ya.

Hoy terminé El fondo del cielo aunque en honor a la verdad debería decir que fue El fondo del cielo el que terminó conmigo. La novela, que no es una novela de ciencia-ficción sino una novela con ciencia-ficción, despega desde mis manos y, tal vez, vuelve a Urkh 24, Aquel-Lugar-Donde-Se-Dejan-Oír-Las-Melodías-Más-Desconsoladas. Aquel planeta que no puede ser otro que Fresán Planet, donde habitan todos sus personajes y festejan todos sus ídolos y que nosotros, sus lectores (porque uno no lee a Fresán, uno es lector de Fresán), podemos ver cada tanto, desde acá, desde un lugar que puede ser una habitación cercana al Estadio Olímpico Atahualpa o el asiento en la última fila de asientos de una nave espacial cuyo nombre nos será revelado el día en que nos sea revelado su destino, sea este final o transitorio. Después de la cuenta regresiva vino la explosión y la tierra se sigue moviendo. Recuerdo una historia de amor. Tres hombres. Una mujer. Pero solo dos de esos hombres son amados por esa una mujer, una mujer con hombres pero sin nombre, dicho sea de paso. Son primos, son judíos, viven en Nueva York, son Isaac Goldman y Ezra Leventhal. Y ella, claro. Ella que tiene voz y termina contando la novela y contándonos que el mundo se ha terminado varias veces pero que éste, el fin del mundo que estamos a punto de leer, de presenciar, es de verdad el último fin y el comienzo de todos los finales del mundo. Eso, sí. Eso creo, al menos. Uno sale (¿uno puede salir?) de las novelas de Fresán sintiendo que hay más, que hay algo que verá la próxima vez, durante la próxima leída. Las novelas de Fresán son tan de Fresán que llegará el día en que ya no pueda escribirlas, habrá un grupo de gente obsesionada con Fresán que será más Fresán que Fresán y, por supuesto, escribirá mejor Fresán que el mismo Fresán.

Wish You Were Here de Pink Floyd. Cuenta la leyenda que Syd Barret fue a visitarlos mientras grababan, justo el día en que David Gilmour contraía matrimonio, el 5 de junio de 1975. Apareció sin avisar. Estaba gordo, inmenso, llevaba una funda de plástico, se había rasurado la cabeza, y las cejas. Fue la última vez que lo vieron. Eso sí que es Sci-Fi.



Te encuentres donde te encuentres, cerca o lejos, si puedes leer esto que ahora escribo, por favor, recuerda, recuérdame, recuérdanos así.

Las religiones son, todas, formas primarias de la ciencia-ficción: destellos fulminantes, volar, arriba y abajo, visitantes de galaxias al otro lado del infinito, aparecer y desaparecer. No importa el planeta, la historia es siempre la misma y es una historia impulsada por los inestables combustibles del amor y de la muerte y de una fe inferior en algo superior: el hombre crea Dios para que Dios cree al hombre. Y enseguida descubren que no pueden desactivarse entre ellos y que ambos se han convertido en una suerte de monstruo de Frankenstein para el otro. Así, el hombre cree en Dios para poder hacer lo que le plazca en su nombre y Dios cree en el hombre para poder echarle la culpa de todos sus errores.

Y que siente algo de piedad o, tal vez, un resto de cariño y regrese a mí no para amarme sino -porque no creo que exista una forma más noble y sublime de amar a alguien- para explicármelo todo.

…y yo querría ser así: ser de tan lejos y sentir tan poco.

Es una foto de tiempos en los que tomarse una foto era una gran ocasión: había que concertar cita en un estudio profesional, vestir las mejores ropas, elegir el motivo del telón de fondo y, jamás, sacar la lengua en el momento del disparo. Las fotos eran cosa seria. Las fotos no eran, aún, instantáneas fáciles de corregir y repetir. Las fotos eran lentas y permanentes y no sé si nos robaban el alma pero, sí, seguro, nos capturaban un instante para siempre. Toda foto, entonces, era histórica.

Y ninguno de nosotros dice nada; pero estoy seguro de que los tres, cada uno a su manera, pensamos exactamente lo mismo: se puede sobrevivir a la certeza de que una determinada mujer es la más hermosa que jamás se ha visto, sí; pero es tanto más difícil seguir viviendo luego de experimentar el convencimiento absoluto de que esa mujer es y será, también, la más hermosa que jamás se verá en toda la vida.

Y acaso lo más importante de todo: supimos que estaba bien que ambos la amásemos, porque el amor de uno solo de nosotros habría sido insuficiente, casi una ofensa frente a lo que ella generaba. Supimos que la amábamos y la felicidad de volver a encontrarnos, de unirnos aún más amando a la misma persona, nos hizo tan felices porque estábamos seguros que ella no podría sino amarnos a los dos. Y que, por su amor, los dos estaríamos unidos para siempre.
Con ella.

El palacio de la memoria… Mi memoria no es un palacio. Mi memoria es una nave espacial girando en una órbita muerta alrededor del pasado. Allí estoy yo, desde allí transmito, como un disc-jockey de medianoche.

El espacio entre este planeta y el otro planeta es lo suficientemente pequeño como para que nosotros podamos observarlos desde nuestro olvidado mundo y, al mismo tiempo, lo suficientemente grande como para que, en vuestro mundo inolvidable, tan ocupados mirándose los unos a los otros, ustedes no puedan darse cuenta de que los estamos observando.
Que los observamos todo el tiempo.
Y que está bien, que nos hace tan felices que así sea.

Siempre me he preguntado porque siempre hay un soldado de apellido Kowalski. En libros, en películas, en series de televisión, en la vida real. Me pregunto si todos esos Kowalski pertenecerán a una misma familia o a una hermandad secreta. A una tribu oculta y ocultista que se dedica exclusivamente a la producción de militares marca Kowalski. Pilotos de avión, marineros, comandos especializados, lo que sea y lo que haga falta. Para las alturas del firmamento o en las profundidades de los océanos o en las más impenetrables junglas: tenemos el Kowalski que usted necesita.

…o tantos escritores que cambian la tinta por el alcohol para así intentar adormecer todas esas cosas que se les ocurren dentro de su cabeza y que, no lo saben, en realidad ocurren en otra parte.

Un sonido como el de una orquesta estrellándose contra lo más alto al final de un a canción final en el final de un disco, un día en la vida.

No es una historia de ciencia-ficción porque es una historia que lo único que hace es mirar hacia atrás, recordar, fabricar recuerdos en la máquina de la memoria.
No: en realidad esta es una historia de amor.
Tal vez no sea la historia de amor más grande pero sí, seguro, la historia de amor más larga.

Y es tanto más difícil corregir algo que no salió del todo bien que inventar algo que no se sabe cómo va a salir.

La realidad es lo que no desaparece cuando dejas de creer en ello.



5 comentarios:

Tiriel dijo...

Pedazo de disco el WYWH, debe ser mi álbum favorito de Pink Floyd y tremendo soundtrack para una novela.

¿Se consigue esta novela en Ecuador?

Juan Fernando Andrade dijo...

Tiriel,

a comienzos d año lo vi en mr. books. pilas. go for it.

Raul Farias dijo...

Viejo... deberías tener tu época Pink Floyd... Yo cada día que vuelvo de la oficina debo escuchar la canción Wish you were para entrar (o salir, aun no lo decido) de la realidad. Es mi disco favorito el WYWH de mi banda favorita.

Respecto a Fresán, sabes que recién me compre Historia Argentina (antes leí vagamente - al apuro entre buses interprovinciales - Esperanto y me gusto mucho)... como recomendación: A Fresán hay que leerlo en orden o puedo empezar de donde sea?

Juan Fernando Andrade dijo...

RF,

lo más cercano q tuve a una época PF fueron unos meses en los q pasé obsesionado con Ummagumma y absolutamente obsesionado con A Saucerful Of Secrets. y lo disfruté harto. y tal vez este sea un bueno momento para volver.

respecto a Fresán. si puedes leerlo en órden, bacán, bacanísimo. si no, x donde sea q entres, vas a llegar al mismo sitio y vas a estar en buenas manos.

saludos.

Michell Guzmán dijo...

Te he leido mucho en tu blog. Primera vez que opino...

Cuencano de corazón y ascendencia pero gringo de nacimiento, aunque por el nombre podría ser manaba. Músico y diseñador. ¿Pensé que no te gustaba el progresivo?

Te recomiendo Porcupine Tree, talvez lo mejor que ha dado Inglaterra desde Pink Floyd... Sorry, no me gusta el punk.

Y sobre Fresán, tenía una leve referencia. A ver si consigo el libro en Yu Es Ei.

Por cierto, tu blog es excelente.