5.23.2016

Behind the Book


…cada hora trae su propio afán.
– Rafael Restrepo Santos –

Las mujeres terminan en la cama y los hombres terminan cuando se lo cuentan a sus amigos. Pasa en la mayoría de los casos y en las mejores familias. Besar y contar. Kiss and tell, como el género que eleva los chismes a la potencia de la literatura. Sudor, la nueva novela del escritor chileno Alberto Fuguet, no es exactamente eso, pero así se siente: como si la única forma de asumir y escapar de ciertos recuerdos, de ciertas cosas y de cierta gente, fuera abrir la boca y vaciar el corazón. Vaciarse.

Todo es personal y todo lo que es personal merece una historia, dice Alfredo Garzón, la voz en off que empuja el libro durante más de 600 páginas. Alf, como le dicen sus amigos, trabaja como editor de no ficción en la sucursal santiaguina del sello Alfaguara. Esa es, digamos, su identidad secreta. Cuando no está revisando manuscritos o convenciendo a sus autores de escribir lo que él quiere leer –y, obvio, lo que quiere vivir– está en Grindr, mirando perfiles, dando likes, abriéndose para unos y bloqueando a otros.   

A veces, Alf usa el sexo como una válvula de escape, contacta a hombres que están a pocos metros de distancia y tiene encuentros casuales que, en el mejor de los casos, cubren de intensidad sus momentos más solitarios. Tirar para sentir. Tirar para dejar de sentir. Es comprensible: su interior está poseído por la presencia de su último novio, pero es él, Alf, el que a ratos parece un alma flotando encima de su propio cuerpo. El que cagó y se vino abajo fui yo. Todo por dentro, discreto, calmado. Como un buen editor.    

Sudor tiene la atmósfera sólida del pasado inmediato. Casi todo sucede entre el 28 y el 31 de octubre del 2013, durante la FILSA, la Feria Internacional del Libro de Santiago, días faranduleros de los que Alf quisiera escapar pero, como se sabe, es imposible escapar de aquello que te encuentra. Los invitados de honor son el escritor colombiano-mexicano Rafael Restrepo Carvajal, vieja gloria del Boom Latinoamericano (íntimo de Marcelo Chiriboga, por supuesto), y Rafael Restrepo Santos, Rafita, su hijo, un poeta joven y hemofílico de evidente estructura millennial.

Los Restrepo están de gira por el cono sur presentando El aura de las cosas, un libro-objeto de pasta dura y gran formato –tipo TASCHEN– que contiene fotos del hijo (retratos en blanco y negro de celebridades de varias generaciones, desde Lola Beltrán hasta James Franco) y textos del padre. Y sí, cualquier parecido con la realidad es absolutamente intencional (googlear Retratos en el tiempo). Los Restrepo son la versión-para-la-ficción de Carlos Fuentes y su hijo Carlos Fuentes Lemus, que se dedicó a pintar, escribir, filmar y tomar fotos antes de morir a los 25 años de edad.  

Curioso. Después de Sudor, que también es la venganza hilarante de un autor que sabe ajustar cuentas como los mejores, cagándose de risa, y que al final gana aunque su personaje en un momento lo pierda todo, uno se queda con ganas de volver a los libros de Fuentes o de tomarlo en serio por primera vez y de saber algo más sobre su hijo. La novela gatilla preguntas que se reproducen como links, ¿le habrá dolido mucho que le dieran el Nobel a Vargas Llosa?, ¿escribía lo que sentía necesario o escribía lo necesario para triunfar?, ¿alguna vez pensó que su vida de escritor le había costado la vida de sus hijos?, ¿se arrepintió? Creer que los padres son responsables del destino de sus hijos sería injusto, sobre todo para los padres de esos hijos, pero a veces, para protegerlos del sol y del calor y del mundo, los tapizan con su sombra y finalmente los anulan.

Desde mucho antes de su aterrizaje, Rafita ocupa las páginas de Sudor y la vida de Alf como un vortex: hay gente así, agujeros negros que caminan. Mientras su padre da entrevistas y almuerza con políticos Rafita procura el desmadre. Boys just wanna have fun. Quiere pepas, pases, champagne. Quiere una suite y una van y una fiesta con 24 Hour Party People. Quiere acostarse con Alf y enamorarse de él y que ese amor sea inolvidable mientras dure. Quiere prostituirse en las calles de Santiago sólo para saber qué se siente. Quiere acostarse con chicos pobres, feos pero guapos, y tomarles fotos desnudos para Anal Magazine del DF. Alf, en cambio, quiere parar. Amó y sufrió y ahora guarda la distancia y practica la variedad para no engancharse con nadie. Rafita es un gancho. Fino, doblado y puntiagudo como un gancho.

Yo creo que tengo la facha, el look y quizás la ropa para ser un escritor moderno, pero no creo que tenga el resto. ¿Ellos lo tienen? Alf se pregunta demasiadas cosas para su propio bien, pero tiene una historia y tiene un personaje, lo suficiente para no caer en la negligencia de los autores que, como él mismo dice, publican mucho pero escriben poco. Y, al contrario de lo que piensa, la trama de esos días tiernos y salvajes gira en torno a él y no a Rafita. Si algo queda claro es que una persona fragmentada por sus sentimientos no puede volver a levantarse sino hasta después de una demolición total. El amor nos rompe en mil pedazos, imposible recogerlos todos.   

Mi padre no es malo, pero se volvió cobarde, que es lo peor que uno puede ser, ¿no?… Quiso hacer una carrera legítima cuando la gracia es destrozarla. Siempre. Partir de cero. Siempre. Dejar obra pero no obsesionarse con ella. Las palabras son de Rafita pero las escribió Fuguet y con ellas define mejor que nadie lo que pasa en Sudor: Escribir para desintoxicarse, recordar para olvidar, contar para poder seguir viviendo. Con todo. Cero huevadas. Fuguet Unchained.     

(El Comercio)