3.27.2017

Y se hizo el Silencio


Hace ya varios días que la vi y no dejo de pensar en ella. Ahora mismo siento que jamás podré olvidarla, que se ha convertido en parte de mi vida y que adonde sea que vaya de aquí en adelante la llevaré conmigo: puesta encima como un manto, escondida entre mí como un recuerdo. Nos acompañaremos en silencio aunque yo hablaré de ella porque ella habla de mí y de ti y de todos nosotros: habla de la fe en uno mismo. Hablaré de ella, sobre ella, a través de ella, y trataré de convencerte. Quizá también se hizo carne en ti.  

Al final, cuando la pantalla se oscureció, cuando ella se acabó allá arriba para poder empezar a ser y seguir siendo acá abajo, sentí algo extraño en el pecho: como si de repente mi corazón se hubiese hecho más grande o mucho más grande y quisiera salirse de mi cuerpo y pensar en un par de cosas antes de decidir si vale la pena volver. Estaba temblando y tenía ganas de llorar. Estaba agotado por los años de viaje y exhausto por los años de encierro. Pensaba que me iba a desmayar pero la había visto y ella nunca desmaya.      

Buscamos un propósito en la vida, algo que nos de sentido, que nos guíe, que nos hable mientras vamos por ahí sueltos en el camino: algo que justifique nuestra presencia en la tierra. Y cuando lo encontramos somos capaces de defenderlo hasta la locura porque la verdadera locura sería vivir sin propósito. Ella me ha hecho pensar así. Me ha dicho que cuando uno está a punto de doblarse para poder entrar en un rincón del mundo y acomodarse, justo ahí, es cuando hay que seguir andando así no sepamos dónde estamos yendo. Buscamos un final.

El arte que te llega y te estremece no es el que habla de los demás sino el que te mete la mano en la boca y te revuelve las tripas. Sabemos que algo nos ha tocado cuando eso que le está pasando a otros se convierte en esto que me está pasando a mí, que me cuestiona, que me eleva y me deja ver desde tan lejos y tan cerca lo que soy y la distancia que me separa de la que quiero ser. Hoy somos. Mañana seremos. Después fuimos, habremos sido, éramos. Hoy es hoy y tenemos que defender lo que somos y lo que hacemos y eso en lo que creemos.     

Hoy desperté pensando en ella. Seria, adulta, larga, importante. Mientras todo pasa y nada queda, ella aparece firme a nuestro a lado como un susurro que termina en grito. El Silencio se hace entre nosotros. La vimos y ella nos devolvió en un reflejo el rostro de nuestras propias obsesiones. Hacia allá vamos, a encontrarnos con esas obsesiones. Obsesionados   en ser y seguir siendo o terminar de ser así como somos. Ella nos ha revivido.  

(El Diario Manabita)  

1 comentario:

Carlos Santos-Tejada dijo...

Me han dado ganas de verla.