4.11.2018

Mad Men (otra vez)



Todo empezó como una broma. Una amiga me dijo que había comenzado a ver Mad Men en Netflix y que no había podido pasar de la segunda temporada porque se había aburrido o, mejor dicho, desenganchado. Y no pude creerlo, ¿cómo es posible que alguien se resista? ¿Es que Mad Men no es igual de buena para todos?, ¿puede que uno la vea con ojos de cariño?, ¿debería dejar de frecuentar a la amiga que dijo semejante agravio? Unos días después comencé a ver la serie nuevamente en jornadas maratónicas (varios capítulos al día) y no pude parar hasta el final.

A tan solo unos pocos años de su salida del aire, Mad Men no ha envejecido, ha crecido y madurado, ahora me parece más sabia, precisa e irracionalmente-racional que cuando la vi por primera vez: es como si el tiempo le hubiera dado la razón y el tiempo, ya lo sabemos, no le da la razón a cualquiera. Supongo que es así como las obras de arte se vuelven clásicos, irrumpen en su época marcando una especie de ruptura y luego se quedan para siempre impregnadas en la historia. No es nada fácil, pero pasa. Pasó con Mad Men, que ahora es de esas cosas que hay que ver.       

La serie está ambientada en la Nueva York de comienzos de los 60’s, gira en torno a una agencia de publicidad y sobre todo alrededor de su director creativo, Donald “Don” Draper (Jon Hamm), pero quizás de lo que se trata realmente es de definir una década que cambió la percepción que la humanidad tenía del mundo hasta entonces: en Mad Men no sólo cambian los personajes, cambia la sociedad, cambia la moral, cambian los límites, cambian las fronteras de lo permitido y queda claro que los únicos animales que sobreviven son los que se mantienen en movimiento.     

Y quizás digo esto porque la publicidad ecuatoriana es o me parece más bien pobre y poco creativa (alguno dirá, no sin razón, que sólo se trata de basura) pero Mad Men reivindica una profesión desprestigiada, la redime, hace que parezca arte y evidencia cómo puede influir en el medio y cambiar o trastocar nuestras vidas. ¿Somos lo que compramos? No tanto así, pero sin duda eso que compramos o consumimos refleja una parte no menor de nuestra personalidad y de nuestras aspiraciones. ¿Podemos comprar lo que queremos ser? Don Draper nos hace sentir que necesitamos cosas que ni siquiera queríamos.

He llegado al final de Mad Men otra vez y quisiera hablar con su creador, Matthew Weiner, para decirle que ahora, más que antes y más que nunca, creo que las cosas no son como pasaron sino como pasan en la serie: Weiner logró exprimir la realidad y tomar de ella la esencia que la transforma en lo que termina siendo nuestro destino. Mad Men te deja con la sensación de haber vivido otra vida, una vida distinta, más intensa y revuelta, más demente y extrema, más caótica y desordenada, la clase de vida que vale la pena vivir.

(El Diario Manabita)        

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