11.05.2018

Adam Sandler En Vivo


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Durante un verano caluroso, Don Draper, desquiciado entre los desquiciados de la Avenida Madison de Nueva York, executivo de cuentas y director creativo de una agencia de publicidad, escribió en su diario el que sería el mejor slogan de su carrera, aunque nunca lo usara en una campaña más que aquella, siempre fallida, por tratar de entender quién era realmente: When a man walks into a room, he brings his whole life with him (cuando un hombre entra en una habitación, lleva toda su vida con él).

Al principio de 100% Fresh, su nuevo especial cómico en Netflix, el primero en quizás demasiado tiempo, Adam Sandler aparece caminando por un pequeño escenario y empieza a cantar acompañado por un tecladista. Pero lo que vemos no es a un nuevo Sandler sino a un Sandler total, con toda su vida puesta encima, dispuesto a revisitar su autobiografía porque al final lo que uno hace cuando crea es, sobre todo, inventarse una vida para sí mismo. No es el mejor de los comediantes, ni el más fino ni el más acertado, ni el más incendiario ni el más agudo (quizás el más tierno y comprensivo), pero sí, al menos para mí, uno de los más queridos, ese tipo de gente que me resulta cercana aunque nunca, en rigor, hayamos estado ni remotamente cerca. Él está allá, en la pantalla, y yo acá, viéndolo, como siempre: nuestra relación es platónica y por eso indestructible.   

Adam Sandler, The Sandman, dejó de frecuentar este tipo de shows cuando se convirtió en una estrella de cine, hace veinte años, con el estreno de la entrañable y detrás-de-la-música The Wedding Singer, a la que siguieron, espalda contra espalda, dos obras mayores e igual de contundentes, Big Daddy y Little Nicky, dejando en claro que nuestro héroe podía llenar la pantalla y engrandecer cualquier historia por más pequeña o simple y sencilla que pareciera (menos Little Nicky, cuya trama, después de todo, nos muestra al hijo del diablo ganándose en la tierra su derecho a gobernar el infierno). Un poco después vino Punch-Drunk Love, perla entre las perlas del director Paul Thomas Anderson en la que, para muchos, Sandler entrega su único papel decente: estos muchos, ahogados en su propio refinamiento idiota, deben haber evadido la posibilidad de verlo en maravillas como Click (si la hubiera escrito y dirigido, digamos, Charlie Kaufman, habría estado en Cannes) o You Don’t Mess with the Zohan, que son lo mismo surrealistas que inauditas.

(Para que esto no se convierta en un listado de películas tipo IMDb, sólo algo más y entre paréntesis. Entre los papeles “serios” de Sandler, que tampoco es que los necesite con urgencia pues sabe perfectamente que a veces lo que se necesita es basura de calidad, yo también contaría Funny People, que es a su manera una película de Paul Thomas Anderson pero en clave de Judd Apatow y, hasta ahora, la gran o más importante película sobre el Stand-Up comedy; y The Meyerowitz Stories, de Noah Baumbach, que no sólo lo junta con Ben Stiller, con quien debería haber colaborado hace años de años, sino que lo muestra en una de las posiciones en las que mejor se defiende y funciona: el hombre que tiene edad suficiente para ser un adulto pero ningún interés en ello. Pienso en una frase sacada de un cuento de Alberto Fuguet: prefiero envejecer que crecer. Hasta aquí la parte nerd y cinéfila, ahora volvamos al tema que hoy nos ocupa)     

100% Fresh no es un monólogo cómico, es, más bien, una especie de concierto en el que Sandler, guitarra en mano en varios de los momentos clave, va soltando canciones (demasiadas, es cierto) que son a su vez pequeñas historias con melodía, chistes musicales, si se quiere, y que se prenden de lo cotidiano hasta explotarlo a la máxima potencia y convertirlo en la esencia ya totalmente manipulada del show. Por ejemplo: una canción sobre el millón de cosas que debes llevar a un viaje, empezando por tus llaves, tu teléfono y tu billetera; una canción (mi favorita) sobre el Bar Mitzvah de un niño judío, con todas las revelaciones del ritual, desde los regalos de amigos y parientes hasta el vómito en el clóset después de la primera borrachera de su vida; una canción (la más sentida y con un solo de guitarra memorable) sobre su amigo Chris Farley, el cómico que se fue antes de tiempo y con quien compartió tablas en Saturday Night Live (donde, dicho sea de paso, Sandler arrancó su carrera como escritor a los 23 años), que no se guarda ningún detalle sobre los excesos de Farley ni tampoco esconde la nostalgia que Sandler siente por su ausencia; una canción (la más romántica y el gran final) sobre cómo ha sido compartir los caminos de la vida junto a su esposa, un remix del clásico Grow Old With You de The Wedding Singer, que tal vez explica como ninguna otra lo que uno debe estar dispuesto a hacer por el amor de su vida si es que pretende la eternidad, y que The Sandman voltea y termina dedicando al público. Somos nosotros los que te agradecemos, nos has hecho todo más fácil o cuando menos nos has distraído entre bache y bache.

El contrato que Adam Sandler firmó con Netflix fue por un total de ocho películas exclusivas para distribuirse en la plataforma, de las que ya se han estrenado cuatro, siendo la más afortunada, hasta el lanzamiento de 100% Fresh, The Ridiculous 6, un western ridículo como su nombre pero que aprovecha a su favor todos los clichés del género: la crítica la odió y algunos nativo-americanos que trabajaron como extras en el rodaje protestaron, luego, por la forma en la que habían sido retratados (valga aquí otro dato de trivia, Adam Sandler debe ser el único actor en la historia que ha hecho dos papeles en una de las peores cintas de todos los tiempos, Jack and Jill, y para eso se necesita valor). Quizás ocho películas seguidas para una misma casa no puedan terminar en otra cosa que la sobredosis, pero se sabe que el modelo de negocios de Netflix es acaparar el mercado, producir en masa y esperar que de entre toda esa cascada de producciones caigan, aquí y allá, un par de joyas que vayan calzando en las coronas de sus espectadores, como ha venido pasando en los últimos años. Yo sólo espero que una de esas joyas venga de Sandler, aunque con 100% Fresh me doy por servido, si esa es la única verdadera joya de su periodo virtual sepan que será suficiente para iluminar a las otras.  
  
En el diario que llevó mientras encontraba su novela luminosa, el uruguayo Mario Levrero escribió: Cuando uno es joven e inexperiente, busca en los libros argumentos llamativos, lo mismo que en las películas. Con el paso del tiempo, uno va descubriendo que el argumento no tiene mayor importancia; el estilo, la forma de narrar, es todo. Yo diría que esa forma de narrar es el personaje, y aquí tenemos a Adam Sandler en su mejor papel.

(El Comercio) 

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