5.25.2009

Salsa Blondie



Cada vez encuentro más gente interesada en la vida, obra, pasión y muerte del colombiano Andrés Caicedo. El dato Caicedo se esparce en el Ecuador a paso firme. Antes éramos sólo unos cuantos que mirábamos al cielo agradecidos cada vez que nos encontrábamos a un nuevo miembro del grupo. Ahora somos más y hablamos más duro y de vez en cuando atacamos todos al tiempo, en manada, en gajo.


Mucho tiene que ver en esto el hecho de que editorial Norma tenga una colección Caicedo y la esté distribuyendo con la presteza con que la está distribuyendo. Las obras de Caicedo ya están al alcance de la mano, a buen a precio y en buena calidad. Entiendo que lo mismo ha pasado en México, Argentina, Perú y Chile. Entiendo que este movimiento, aunque no es bolivariano ni guevarista sino más bien rockero y cinéfilo, está formando una especie de unión regional Latinoamericana. Sí, Caicedo está de moda de moda y qué bueno que así sea. De entre todo lo que anda pasando en librerías últimamente, esto es de lo mejor, lo rescatable, lo que sobrevivirá al momento. Gente de cine, es decir, gente que ve, hace, lee, estudia, enseña y aprende cine está hablando de Caicedo con admiración, respeto y afecto, como se habla de un amigo. Los escritores en entrenamiento también lo están haciendo. El otro día escuché que si en algún momento no entiendes lo que está pasando en ¡Que viva la música!, la novela ícono de Caicedo, debes leerla en voz alta porque lo que el man quiso fue escribir una canción de doscientas páginas. No lo logró por completo, pero se acercó bastante más de lo que sospechamos. Algunos párrafos del libro podrían cantarse a viva voz sobre el colchón de cuero de las percusiones. Aunque la novela cuenta la historia de una caleña bien que pierde lo que le queda de inocencia cuando se pasa del rock a la salsa y sale de su barrio residencial to take a walk on the wild side, a mi me suena un montón A Day in the Life, de los Beatles. Sobre todo cuando las cuerdas de la orquesta se doblan hasta la destrucción. Calle, pepas. Calle, hongos. Calle, violencia. Calle, sexo. Calle, rumba. Calle, reflexión en off. Cállense y dejen que suene la música que es la que tiene razón.


Ayer le regalé Mi cuerpo es una celda (la autobiografía de Caicedo dirigida y montada por Alberto Fuguet) a un gran amigo y me di cuenta de que si tuviera las posibilidades se la regalaría a todos los amigos que tengo, a toda la gente que conozco y a un par de personas que no conozco pero me dan buena vibra. Se la regalaría, sobre todo, a los panas que no leen porque se les hace nerd y aburrido. También, hace unos días, le presté mi ejemplar de Celda a una gran amiga que hasta hace poco vivía en Canadá y no sabía nada de Caicedo. Hablé con ella al día siguiente y me dijo que estaba movida, atrapada, que no podía dejar de leer el libro porque la onda del man la tiene mal, pero para bien. Tal vez Celda sea la mejor forma de entrar a Calicalabozo, como un Caicedo 101 intensivo, fuerte, para que no te queden dudas del lugar al que vas y de eso a lo que te estás metiendo. Yo releo ¡Que viva la música! para terminar un mes de relecturas adolescentes que empezaron con The Cather in the Rye. Tengo la edición argentina de tapa groovy y prólogo de Fabián Casas. Caicedo 2.0 para la inmensa minoría que lentamente se va tomando el mundo. De pronto pienso en Pixies, en todos los años que tuvieron que pasar para que Frank Black y compañía tuvieran el reconocimiento que se merecen. Me doy cuenta de que, cual película de Hollywood, Andrés Caicedo vivía, sigue viviendo, en el futuro, en las cosas de él que todavía no he leído y en los amigos que lo encontrarán algún día y no lo soltarán jamás.




Soy Rubia. Rubísima. Soy tan rubia que me dicen: “Mona, no es sino que aletee ese pelo sobre mi cara y verá que me libra de esta sombra que me acosa”. No era sombra sino muerte lo que le cruzaba la cara y me dio miedo perder mi brillo.

Entonces sacó su agenda, de la agenda el sobrecito blanco, de mi mesita de noche un libro: Los de abajo, y encima desparramó el polvito y se puso a observarlo, olvidándome. Cocaína era la cosa que traía. Me estremecí, como maluca y con ansia, pero “No”, pensé, “es la excitación que trae todo cambio”. Yo había soñado con ella, con un polvito blanco (eróticas, aunque referidas a una raquítica acción de fuerzas, me sonaban estas palabras) en un fondo azul, y luego con el polo Sur, y por allí navegando una barca de muertos. Luego vendría a saber que soñaba era una carátula de un disco de John Lennon, con un polvo de verdad en el extremo inferior izquierdo, “ja, ja, ja”, me reía de ver al Miserable Ricardito tan serio, y pensé: “Ni siquiera me pregunta que si quiero. ¿Así seré de cuerva?”. Había sacado un par de pitillos de la agenda y ya me ofrecía el más corto. Cuando lo recibí le dije: “Gracias”, pensándolo muy conscientemente porque me había arreglado ese horrible día, y él se incendió de la dicha ante el halago y después le di su beso, espontánea, sincera y superficialmente.

Yo estoy ante una cosa y pienso en miles. La música es la solución a lo que yo no enfrento, mientras pierdo el tiempo mirando la cosa: un libro (en los que ya no puedo avanzar dons páginas), el sesgo de una falda, de una reja. La música es también, recobrado, el tiempo que yo pierdo.

Yo pensé: “Voy a ser la primera niña bien en Cali que se va de la casa a vivir con el novio. La gente comprenderá que esto es lo común en Estados Unidos”.

El sufrir dignifica, así que démonos otro pase. Metamos hasta que reventemos. “¿Qué vas a hacer hoy?” “Nada”. “Entonces meto”.

Pedro Miguel Fernández ya había envenenado a las hermanas, cosas así hacen que uno, por más joven que sea, se vaya volviendo creyente de todo y devoto de nada.

…empiezo a hablar y no me paran, y no hago otra cosa que repetir letras, porque primero que yo existió un músico, alguien más duro y más amable que concede el que uno cante su letra sin ninguna responsabilidad, que una mañana se le pegue y la repita todo el día como una especie de marca para cada uno de los actos tristes, uno de esos días en los que me propongo la acción más triste de todas…

No, me gustan las cosas que me atan con grilletes a esta dura realidad, no las que me saquen de aquí para meterme a otro hueco.

Entonces, qué cansancio, comprendí: la violencia progresaba si la belleza la conducía. Y puro picado de violencia seca, de la que no alivia nada. Eso me aterró fugazmente, pero me preparé a permitir que todo sucediera. Sí, hagamos equilibrio encimita del infierno. Si resbala es porque se ha llenado toda de remordimientos.

Además nunca he servido para coleccionar nada, me falta disciplina, seguro habría terminado prestando todos los discos, y además pensé: “Si junto discos me va a dar por oírlos aquí dentro. Me voy a volver una sombra de melancolía, y de allí al tango no hay sino un paso.

Sé que soy pionera, exploradora única y algún día, a mi pesar, sacaré la teoría de que el libro miente, el cine agota, quémenlos ambos, no dejen sino música. Si voy pallá es que pallá vamos.

Que nadie sepa tu nombre y que nadie amparo te dé. Que no accedas a los tejemanejes de la celebridad. Si dejas obra, muere tranquilo, confiando en unos pocos buenos amigos.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

"Ayer le regalé Mi cuerpo a un gran amigo".. jaja.. suave loco

juan manuel granja dijo...

Juan Fernando.. a los tiempos. Te invito a ver mi "nuevo" blog:

http://metamorfodromo.blogspot.com/

Juan Secaira dijo...

pleno post. leo a caicedo desde hace rato, qué viva... me gustó muchísimo. y el libro de fuguet es preciso y precioso. Vale la pena, la desmesura y hasta el error son parte del proceso, ¿quién dijo que hay que ser perfectos' saludos

ELEBÉ dijo...

Una vez lo tomé pero lo solté enseguida. Oj Alá que Caicedo esté fraguando la venganza.

Anónimo dijo...

he leido varias reseñas y comentarios sobre caicedo buenas malas, igual que del mi cuerpo es una celda...

no he leido a caicedo pero me seduce el personaje, su vida, su muerte, desde que me entere de su existencia por tu blog, en algun post viejo, como de finales del año pasado...

no queria entrar a calicalabozo, como dices vos, por celda, queria entrar por viva la música pero no lo encontre y como este post a sido la gota que derramo el vaso de mi gana de leer a caicedo no resisti y compre celda...

a ver que pasa....

saludos

Juan Fernando Andrade dijo...

JMG,

en efecto, a los tiempos. ya pasé x tu "nuevo" blog y disfruté mucheo el paseo. dónde consigues esas pelis???

JS,

gracias x tus palabras. Caicedo va reclutando gente con una velocidad q abruma. x suerte nosotros ya estamos arriba.

Dr. LOU,

éntrele a Celda, con todo, d cabeza.

Anónimo,

ese post al q t refieres fue producto d le llegada d Celda a mi vida. ojalá q a tí también t corrompa.


saludes a todos!

J. José Alomía dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Arturo Cervantes dijo...

Cuando terminé de leer Calicalabozo, q fue lo primero q leí de Caicedo, casi me atraganto: tenía mucho q decir de él, de su libro, pero a nadie q me comprendiera (¡ninguna de mis amistades lo conocía!).

Hoy, como dices, la cosa es diferente... La gente ya lee los libros de Andrés, especialmente los lectores más jóvenes. Me he encontrado con muchas personas adictas a su literatura. Pero bueno, él tiene la "culpa" de q así sea.

Saludos Juan Fernando....

Sebastian d. dijo...

La otra vez leí de este man pero quedó ahí, ahora si me dieron ganas de leer algo de él. Ya bajé viva la música (comprar libros se escapa de mi presupuesto), voy a ver que tal.

Gracias a este blog me he encontrado con un par de escritores y mas de un par de cantantes que no conocía y ahora me parecen geniales, Gracias por compartir.

Anónimo dijo...

A los 4:47 minutos del vídeo, me doy cuenta que son las 3:15am y que me he comido 4:46 minutos.Hace bien saber de Andresito.Gracias por apuntar(me)lo. Fascinante. Ahora a tratar de conciliar la negrura esférica punto

conejo dijo...

Que tal, esto de las casualidades....estoy oyendo el transformer de lou reed mientras leo tu nota sobre andrés caicedo.
Estoy en Bogotá , a pocos días de regresar a Cuenca ( ciudad que reseñaste generosamente, debe haber estado bueno el zhumir ...) Aca encontre con el Viva la Música , mas por que pensé que el tipo era el hermano extraviado de Charlie. Abrí y leí ese párrafo maravilloso sobre las buenas canciones...por las que vale la pena esperar tanto. Mientras se extinge el walk on the wild side, recuerdo lo que me dijo el amigo al que casi obliqué a leer el libro: Viva la Musica es la deliciosa hermana latina mayor de Transpotting....casualidades....
Salud por La Cultura B....bien ahi

Princesa Quil dijo...

Juan Fernando recien descubro tu blog, cayendo en este post. Hace varios años vino un colombiano a presentar un monólogo de caicedo "el atravesado". Me fascinó, tan intenso, rápido, violento, vivo. Luego encontré Viva La Musica y la misma sensación. Es que hizo bien ver primero su obra en acción, y luego leer una novela.... porque así la leia con ese acentico, la leia rapido, y con mas pasión. :)

Ya buscaré mas textos de caicedo.