4.14.2010

Cubículos


El libro estaba ahí, entre tantos otros miles de libros, en una librería en Portland en la que se podría vivir tranquilamente. No lo estaba buscando pero uno siempre termina comprando cosas que no buscaba y no encontrando aquello por lo que llegó en primer lugar. En el lomo están impresas dos quotes, “Terrific” dice Nick Hornby, “Hilarious” dice Stephen King, dos escritores en los que confío porque nunca se han puesto la banda de intelectuales y siempre han entendido que los libros sirven de compañía, que lo que importa es sentirse cerca y no lejos del resto. And then I came to Then We Came To The End, la aclamada primera novela de Joshua Ferris (1974).

Hace poco me preguntaron de qué se trata el libro de Ferris, tenía sólo un par de segundos para responder y dije mira, es como The Office, pero en libro, con TODO lo que eso significa. Sigo creyendo que ese es un buen tagline pero, claro, no es suficiente ni sería justo dejarlo ahí. Tuve varias etapas con Ferris, al principio no me mató, leía y leía (la novela tiene 385 páginas que se sienten como un poco más de eso) con un pie adentro y otro afuera. Y mientras leía sentía que eso ya lo había leído, lo había visto y hasta lo había vivido. Sin embargo, seguía metiéndome en los chismes de una agencia de publicidad en la que despiden gente todos los días. En principio, seguía la lectura por mero interés técnico, la novela está contada desde la primera persona del plural (¿habrán otras así?), desde un “we” corporativo y jugado que no es fácil de mantener pero que Ferris maneja de la mejor manera: con humildad y disciplina. Pero luego habían pasado doscientas páginas y esperaba con fruición ese momento del día en el que volvería a ver a la gente de la oficina. Irónico, en la novela todos desprecian su trabajo y sueñan con escapar (no se atreven a hacerlo, están presos, de eso se trata, de la gente que odia su empleo pero jamás lo dejará, del temor y la incertidumbre) y yo quería volver a ese mismo lugar de trabajo y saber qué más había pasado. Ferris le apuesta a transcribir sensaciones y lo hace desde la distancia adecuada, desde donde puede ver claramente las maravillas escondidas en la rutina, donde los rumores pasan de rumores a chismes y de chismes a verdades y de verdades a verdaderas tragedias del ser humano contemporáneo. Y, tal vez lo más importante, jamás pone su inteligencia o el contenido de sus archivos en la cabeza de sus personajes sino en darles vida propia y transformarlos en personas. Me explico: no los hace hablar como escritores (algo que pasa mucho y no debería pasar nada) sino como lo que son, oficinistas en el pleno ejercicio de sus funciones y sus frustraciones, “creativos” de una agencia de publicidad capaces de vender cosas que nadie necesita e incapaces de encontrar una manera creativa de resolver sus propias vidas.

A veces no sé quién está peor, los que odian su trabajo o los que no tienen un trabajo que odiar ni un sueldo con que comprar cosas para llenar el vacío que les deja su trabajo. En la novela de Ferris eso ni siquiera está en tela de duda. Siempre será mejor seguir empleado, tener un cheque al final del mes y poder salir a cenar y a beber y a quejarse del trabajo de mierda que tienen.



We were fractious and overpaid. Our mornings lacked promise. At least those of us who smoked had something to forward to at ten-fifteen. Most of us liked most everyone, a few of us hated specific individuals, one or two people loved everyone and everything. Those who loved everyone were unanimously reviled. We loved free bagels in the morning. The happened all too infrequently Our benefits were astonishing in comprehensiveness and quality of care. Sometimes we questioned whether they were worth it. We thought moving to India might be better, or going back to nursing school. Doing something with the handicapped or working with our hands. No one ever acted on these impulses, despite their daily, sometimes hourly contradictions. Instead we met in conference rooms and discuss the issues of the day.

…“intelligent people are not always guided by their intelligence. Sometimes, Martin, something called fear is a little more powerful.” He would know that basic fact of human psychology, she thought, if he were in marketing, but us a practitioner of the law, he believed that the decision that was most rational, or at least most shrewd, would always triumph if it determined one’s own self-survival.

Technology would never advance past primal fear. It would never trump human instinct.

…anticipating future work just made the present time moment even more miserable.

We informed you in six seconds that you needed something you didn’t know you lacked. We made you want anything that anyone willing to pay us wanted you to want. We were hired guns of the human soul. We pulled the strings on the people across the land and by god they got to their feet and they danced for us.

Some days felt longer than other days. Some days felt like two hold days. Unfortunately those days were never weekend days. Our Saturdays and Sundays passed in half the time of a normal workday. In other words, some weeks it felt like we worked ten straight days and had only one day off. We could hardly complain. Time was being added to our lives. But then it wasn’t easy to rejoice, exactly, realizing that time just wasn’t moving fast enough. We had any number of clocks surrounding us, and every one of them at one time or another exhibited a lively sense of humor. We found ourselves wanting to hurry time along, which was not in the long run good for our health. Everybody was trapped in this contradiction but nobody ever dared to articulate it. They just said, “Can you believe it’s only three-fifteen?”

To be honest with you, Tom, it’s hard to be honest with you when you got a gun pointed at me.

Hank Neary had a quote and we told him politely to shove the quote up to his ass. “When death comes, let it find me at my work”… We wanted to die on a boat. We wanted to die on an island, or in a log cabin on a mountainside, or on a ten-acre farm with an open window and a gentle breeze.

Some people would never forget certain people, a few people would remember everyone, and most of us would mostly be forgotten.