2.01.2012

Un montón de frases bacanes

A veces un libro no necesita más que eso para ser un libro. Un montón de frases bacanes para gente que quizás no las andaba buscando pero seguro está feliz de haberlas encontrado.

***

Creo que tener dieciséis años, llamarse Martina y no haber tenido música es un asqueroso desastre… Tener música es como tener un código. Y es extraño porque yo creo que sí tengo un código.

Yo al principio pensaba que la vida era una de esas fiestas con piscina donde todo el mundo se baña desnudo pero alguien se queda vestido, o sea, yo.

…si te callas demasiadas cosas, un día estallan o se pudren. Pero si las dices, haces daño.

Hay que saber preguntar. No se dónde enseñan eso pero lo que está claro es que casi nadie sabe.

Además de acordarte y sonreír, una parte de ti seguirá triste. Algunas cosas duelen y no se pasan. Tendrás treinta y cincuenta años, y una parte de ti seguirá estando triste por los días en que no pudiste ser la reina de una fiesta, o por otros motivos que ahora no sabemos. Y aunque tu novio de ese momento te abrace muy fuerte, notarás que tu pena sigue. Hay una parte donde nunca nos abrazan. Aunque nos quieran muchísimo. Esa parte está ahí, esa pena. Y nadie llega a tocarla nunca.

Los rockeros nórdicos parecen distintos. No puede ser lo mismo hacer rock en Estados Unidos que hacerlo en Noruega o en Finlandia; mientras suena la guitarra eléctrica y el bajo, por la ventana ves pasar a la gente con botas de esquiar o como sea que anden cuando la nieve cubre medio metro, pero no es sólo el frío: es estar allá arriba. A veces ves a alguien y sabes que lleva dentro un punk-rocker escandinavo, encallado en esas penínsulas cerca de ningún sitio, que intenta seguir tocando con fuerza y dignidad.

…no soy muy fea ni muy guapa. ¿Tú sabes si Holden Cauldfield es guapo? Ni puta idea, ¿verdad? Algunos se acuerdan de que es alto, y de que tiene un mechón de pelo gris aunque sólo tenga diecisiete años. Pero nada más. En cambio, si fuera una chica, todos querrían saber si es guapa o no. Todavía hoy.

¿Es que no se dan cuenta de que ellos son los adultos? ¿Es que no se dan cuenta de que detrás de ellos no hay nadie? Me parece que no, no se dan cuenta, ni lo huelen, ¿sabes?, y van por ahí con sus cancioncillas: Lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes, es que mueras por mi. Vaya gilipollez.

¿A ti no te han recomendado leer El extranjero? No sé qué se piensa la gente que es la adolescencia, ¿han perdido todos la memoria o qué? El libro trata de Mersault, un tipo a quien le da todo igual, incluso la muerte de su madre, y que un día va y mata a alguien. Vale, luego les preocupan los videojuegos violentos. A mí no me importa. Lo que quiero decir es que si Mersault no mata a nadie, no le habrían hecho caso. Hay un montón de personas a las que les da todo igual pero nadie les hace caso. Y cuando te da todo igual, sí que estás bastante hecho polvo.

¿Pelear? Vale, a mí me parece bien pelear, pero contra tus enemigos.

…supongo que hemos visto demasiadas pelis, hemos oído demasiadas historias y ya sabemos que después se vuelve, a la misma casa, al mismo instituto, a la misma ciudad donde nadie puede empezar de nuevo.

Mira, si te escribo con un ordenador, ¿cómo sabré cuándo he acabado? Jo, los que hicieron los ordenadores no se dieron cuenta de esto, es alucinante. Venga a hacer programas, a inventar iconitos y fondos de escritorio. Y un programa y otro y cuatrocientos mil. Pero resulta que no pensaron en los que íbamos a agobiarnos si nos decían que podíamos escribir sin final.

Te la juegas y apuestas por alguien, y si te falla no cambias la apuesta a mitad de la partida. Te hundes con él. Llegas hasta el fondo.

Y cuesta entenderlo. Un universo de miles de millones de años y a las personas nos toca una parte enana… Ni siquiera ochenta años es mucho tiempo, porque luego desapareces para siempre.

…como si pudieras ver, oír, tocar las malditas cosas buenas que no están pasando ahora.

Vera tiene unos ojos verdes medio azules realmente bonitos. También tiene un poco cara de luna llena, pero sólo un poco, no es una cara redonda sino sólo menos ovalada que la de la típica modelo. Si la ves callada, en silencio, desde luego no pensarías que tiene en la cabeza una canción de Foo Fighters sino, no sé, algo de otro estilo, música clásica, eso, te dirías: a lo mejor por su cabeza está pasando música de Bach.

Me quedé con el disco en la mano y pensé que los vinilos eran como los cuadernos, se acaban. Eso está bien. Me refiero a que las cosas se acaben. Porque es mejor saber a qué atenerse… En el insti hay gente que tiene cinco mil canciones almacenadas. Con dieciséis años, cinco mil canciones. Una música que no se acaba no sé para qué sirve.

No se puede hacer música sin una guitarra eléctrica.

Pero hay grupos que tocan rock y montan una parafernalia increíble, y no tienen actitud. Y a veces un tipo llega directamente de la calle, se sube al escenario sin siquiera quitarse el abrigo, está gordísimo, con aspecto de no haber dormido en tres días, parece un vagabundo, se coloca la guitarra mal puesta, ¡y da un concierto grandioso! Eso es rock n’ roll.

A veces quien escribe una canción no tiene ni idea de lo que está diciendo, es lo bueno de la música.

Al fin y al cabo, ¿quién no tiene dentro el ego de una jodida rockstar?

Organiza tu rabia.

En las fiestas también hay damnificados.

Lo que no entiende la gente es que el rock no se elige, ni tampoco se elige entre quemarse y desaparecer.

Pero la rima importa. Danger, stranger. La rima hace que pienses que hay una lógica en las cosas, y la lógica calma un poco, tranquiliza.

Luego hicimos eso que Émil me había contado que hacía con su novia y yo siempre pensaba que era una tontería total. Me refiero a estar callados. O sea, tú callado, yo callada, la empresa de móviles forrándose y los dos, supongo, con la fantasía de que si había una onda que subía al satélite y volvía a bajar llevando nuestras palabras, también podría llevar nuestro echarnos de menos. No exageramos mucho, eso es verdad. Después de medio minuto o por ahí, nos despedimos con los besos que se dicen en vez de darse. Sólo que no era como cuando yo le decía “un beso” a Vera, o a mi padre o a Émil. El tuyo lo pensé con la boca y me clavaste la lengua dentro.

Siempre tenemos que ver todo en películas, en la consola, en otra parte. Siempre las cosas emocionantes les pasan a otros. Y cuando a nosotros nos pasa algo gordo, siempre es malo, como que se muera alguien…

5 comentarios:

Kros dijo...

donde conseguiste esta maravilla

salutes

Juan Fernando Andrade dijo...

bro,

lo compré durante un viaje a Bogotá, me parece q es un libro medio under xq estaba escondido y rebajado. no c si lo tienen aquí pero capaz puedes pedir q lo traigan.

suerte

saludes

Anónimo dijo...

La primera parte la encuentras en internet en pdf. A ver q tal.
AH

kros dijo...

Gracias....... Mi proximo viaje al exterior que tengo planeado para mayo lo buscaré

Y por interno hablamos para algún encargo de libros

Juan Fernando Andrade dijo...

a mí Martina, la narradora, me pareció encantadora. un poco ingenua quizás, pero divertida y jugada hasta las últimas consecuencias.