5.28.2012

Hace mucho que te quiero


El sólo hecho de que una película francesa (su título original es Il y a longtemps que je t’aime) comparta cartelera este fin de semana con Hombres de negro 3 y Espejito, espejito, es razón suficiente para ir a verla. Su nacionalidad no la hace automáticamente buena o mejor que las demás, pero sí la convierte en una salida de emergencia para los que andan buscando un lugar dónde vivir en las afueras de Hollywood. Una vida distinta en un lugar distinto, eso buscamos algunos.

La gran y extrañamente bella –al verla da la sensación de que se guarda cosas y es en ese misterio, en ese no decir casi nada, donde está su encanto– actriz británica Kristin Scott Thomas, inolvidable como la tía Mimi de John Lennon en la perfectamente olvidable Nowhere Boy, despacha en esta película uno de sus mejores papeles. Se trata de una mujer que, luego de quince años en prisión por un crimen que se sospecha desde la mitad y se confirma al final de la cinta, trata de reintegrarse a la sociedad, a París, de la mano de su hermana y la familia que ésta trae sobre los hombros. Juliette Fontaine (Scott Thomas) ha salido de la prisión física, pero aún no sale –o no se libra– de los recuerdos que la encarcelan. Cada vez que se propone hacer las cosas más sencillas, comprar algo en la tienda o aceptarle una cerveza a un desconocido, se encuentra con barrotes mentales, con desvíos emocionales que la conducen siempre en la misma dirección: el crimen, el lugar, el día, el instante en que ocurrió el crimen. La frágil Juliette y su cara de estar en otro sitio, pensando en otra cosa y con ganas de llorar, vuelven  sobre todo a la víctima de ese crimen. No puede funcionar afuera porque algo anda mal adentro, entre su cabeza y sus pies, una idea que parece estar tallada en las paredes de su cerebro: hice algo terrible, algo necesario que por necesario no deja de ser terrible, y una persona como yo no debería andar por ahí como el resto, dándole de comer a las palomas y sentándose en las bancas de los parques.

En Hace mucho que te quiero el cariño trata de vencer a la culpa y esa pelea es dura, durísima. Cuando uno –o sea Juliette–  deja de sentir que merece el cariño de los demás es poco lo que puede sentir por ellos o por uno mismo. Es entonces cuando una persona toma la decisión consciente de quedarse definitivamente sola. Kristin Scott Thomas logra abstraerse del mundo con ese semblante de pena infinita que, cuando se descuida y nos regala una sonrisa, enciende la pantalla por completo. Quisiéramos verla sonreír más menudo. Quisiéramos tantas cosas.

(El Diario, 27/05/12)