8.20.2012

Incesticidio en Lima


En ‘Días de Santiago’, mejor conocida como la Taxi Driver peruana, el director Josué Méndez contó la historia de un veterano de la guerra del Cenepa que vuelve a Lima y, traumas mediante cual boina verde, fracasa en su intento por reintegrarse a una sociedad que ya no cuenta con él, que hubiese preferido tenerlo de héroe, muerto en combate o desaparecido en acción, que volver a recibirlo. En ‘Dioses’ (2008), su segundo largo, Méndez se va al otro extremo de esa sociedad, donde la gente linda y dañada.

Dentro de una casa de playa que más parece una revista de temporada que un hogar, con personajes jóvenes de estética Volcom y no tan jóvenes que harán de todo para adormecer el paso de los años, la historia cobra el tono de una telenovela de terror, como si Thalía interpretara un papel escrito por Bret Easton Ellis y Jaime Bayly. En este caso, Thalía se llama Andrea, se mete de todo hasta caer desmayada y al otro día no recuerda si tiró o no con alguien o si ese alguien, por ejemplo, era su hermano menor Diego, un pelado aniñado medio guapito y con cara de gil que se le monta encima cuando la ve llegar borracha.

Esta familia lo tiene todo para ser feliz. Andrea está embarazada y su padre, en un plano memorable sentado frente a la hora mágica en la terraza, decide el futuro de ese niño al mejor estilo del patriarca latinoamericano, restándole toda posibilidad de identidad a una persona que aún no existe. El señor, que se llama Agustín y quizás por eso se siente un poco español o quiere sentirse un poco español escuchando flamenco y tragando tapas, ha dejado a su mujer por Elisa, a quien podríamos llamar la “chola rica” y que tendrá que aprender el argot del club de jardinería y del grupo de estudio de la Biblia para encajar entre los pelucones. Una familia muy normal, supongo.

Enid Campos, la productora, cuenta que Méndez entrevistó a varios de sus amigos para escribir el guión, y que en algún momento ella le dijo “no puedes poner eso, todo el mundo va a saber de quién estás hablando”. Así se siente, como si todos supiéramos, como si Dioses estuviera pasando ahora mismo en el cuarto de al lado.

(El Comercio)