3.19.2009

Buenos días.


Es casi medio día y tiene que tomar una decisión. Por lo pronto sigue en la cama. Los ojos cerrados, como los puños. Siente un ligero temblor, como un escalofrío. Esto le ha pasado varias veces y en varios lugares y en compañía de varias personas. Ahora está solo, en su casa, pidiéndole a su cuerpo que siga en reposo, en pausa, congelado. Sabe que eso es imposible. Sabe que ya durmió suficiente. A veces, como cuando era niño, quiere dormir mil años y despertar cuando todo haya cambiado, cuando la cosa ya no esté como está, dura. Aunque la vida le ha probado lo contrario, de vez en cuando espera que las cosas se arreglen solas, por arte de magia, como un milagro salido del terreno del azar.

Abre los ojos y mira la faz irregular del techo. Se detiene en una mancha que, según él, parece un perro montado sobre una perra, disfrutando. Se queda en la mancha unos minutos, luego prende el televisor. Todavía no se ha incorporado, sigue echado. Salta de canal en canal y de pronto le parece que lo único posible son las caricaturas. En la televisión se mueven los dibujos mientras él dibuja en su cabeza la botella que está en la sala, esperando. Cree que lo recuerda todo o casi todo o, por lo menos, lo suficiente. Lo más importante es que, y de esto está absolutamente seguro, la botella no se acabó, es posible que esté por la mitad. La mitad de una botella, un iPod y un par de videos en YouTube pueden hacer una fiesta. Por un momento puede ver el futuro, sólo su futuro, como el Dr. Manhattan. Y se ve en la sala, frente a la compu, repitiendo canciones y gritando frente a una audiencia invisible. Ahí está, esa es la escena: él dando vueltas, saltando, cantando, el celular apagado, el teléfono desconectado, el resto del mundo lejos, muy lejos, en otra galaxia y él… él feliz en su cápsula.

Hay una botella sobre una mesa y un tipo mirándola fijamente. La botella, en efecto, está por la mitad. No hay drogas, ni siquiera sobras. Entonces él toma la botella con su mano derecha, sirve un trago, un buen trago, y segundos después siente el familiar ardor en la garganta y de pronto todo tiene sentido. Este man se echa el primer vaso de una, entero, cero huevadas. Sirve otro trago, number two. Camina hacia la ventana y observa: gente caminando, autos, animales perdidos, todo el mundo yendo hacia algún lado, buscando una justificación para su existencia, trabajando, produciendo, tratando de progresar, siendo lo que se supone deben ser. El segundo trago se lo baja en sorbos, con parsimonia y, tal vez, algo que podría llamarse garbo, estilo, onda.

La decisión está tomada. Hoy no va a ver sus mails ni a contestar llamadas ni a entrar en contacto con el mundo real a través de una Coca Cola en embase retornable. Está cansado, harto, cabreado. Hoy, todo le vale un montón de atados. Lo único que hará es llamar a su amiga y pedirle que traiga una botella de champaña y se siente en sus piernas. Abajo, allá afuera, el mundo sigue su curso. Arriba, aquí adentro, él es el rey.

Lo último que hace antes de cortar relaciones con la realidad es ver las noticias. En Santo Domingo de los Tsáchilas, la policía busca a un hombre que tiene secuestrada a su esposa, la tortura arrancándole las uñas de los dedos. En Austria, condenan a cadena perpetua al hombre que tuvo secuestrada a su hija durante veinticuatro años. Veinticuatro años en un sótano oscuro y húmedo. La chica tuvo siete hijos con su padre, uno de ellos murió a las dos horas de nacido. El botón dice power y tiene el poder de apagar la televisión.

2 comentarios:

Solange Rodríguez Pappe dijo...

Hola Juan Fer, te saluda Solange Rodríguez Pappe desde " El lugar de las apariciones".
Un gusto volver a encontrarte.
Blog con blog se paga.
http://ellugardelasapariciones.blogspot.com

Que las palabras sean el verdadero camino.

Juan Fernando Andrade dijo...

hola Solange!

el gusto es mío. apareceré x tu lugar pronto muy pronto.

hagamos el camino.

saludos