5.23.2011

La antología de Los Brillos


Para celebrar su edición número 100, SoHo-EC preparó un número especial. Hay cuentos de gente como Alberto Fuguet, Santiago Roncagliolo y Antonio Ungar (premio Heralde 2011, dicho sea de paso), además de un especial de suposiciones dedicado a nuestro país firmado, entre otros, por Rafael Lugo, Esteban Mayorga y Verónica Garcés. Acá va mi aporte al equipo. Feliz cumple SoHo!!

Qué pasaría si… los Beatles fueran ecuatorianos.

Por Juan Fernando Andrade

Juan Loor, Paúl Macías, Jorge Jarrín y Ricardo Estrella, cuyo nombre artístico sería Rengo, habrían nacido en el puerto de Manta alrededor de 1940. Los tres primeros se conocerían en la kermés del colegio de señoritas Stella Maris en 1955, donde, a falta de la orquesta que vendría de Guayaquil pero no podría llegar a falta de carreteras, habrían tenido que improvisar una versión del bolero “Cómo fue” de Beny Moré.

Años más tarde, formarían un cuarteto junto a un tipo conocido como “Pedro El Mejor” en las maracas, y al poco tiempo se radicarían en Montecristi, donde serían el número musical de un prostíbulo llamado La Caverna Naict Club. Estrella, atado a una deuda pendiente con una de las chicas y aprovechando la sífilis fulminante que alejaría a “El Mejor” (reacio al uso de profilácticos) del escenario, se uniría en ese punto a la historia. Después de meses y meses de agua ardiente y roscas de mantequilla, serían descubiertos por un empresario quiteño llamado Adrián Epstein, de claras tendencias homosexuales, y comenzaría la historia oficial de Los Brillos.

En 1962 aparecería el sencillo “Sí, ámame”, bajo el sello Fediscos, y su éxito sería inmediato, los invitarían a presentarse en el baile de debutantes del Club de la Unión de Guayaquil, en el show de variedades de Ernesto Albán en Quito y en un after party en Carondelet presidido por el mismísimo Carlos Julio Arosemena, que declararía feriado nacional hasta recuperarse del chuchaqui. En 1964 harían su primera película, “Hoy fue un día duro”, una mera excusa para seguir explotando la “brillomanía”. Sin embargo, lo realmente importante pasaría un año después durante una visita a la ciudad de México donde conocerían a su ídolo: Julio Jaramillo. El Ruiseñor de América, detenido en la capital Azteca ante una serie interminable de demandas de paternidad, les convidaría marihuana de su reserva personal. Al volver de ese viaje, y tras comprobar por todos los medios científicos posibles que J. J. no podía haber dejado embarazado a Macías, serían condecorados en el Palacio Presidencial por la Junta Militar del 63, que aprovecharía el “feriado” de Arosemena para derrocarlo. Más de veinte años después, en una serie de documentales para la televisión llamados “La Antología de Los Brillos”, Rengo Estrella haría la siguiente declaración, “antes de entrar al Salón Amarillo a que nos pusieran esas medallas que nos dieron tétano, nos fumamos un maduro con queso del tamaño del ferrocarril de Alfaro”.

Para 1966, Adrián Epstein crearía varios Brillos más para cumplir con la demanda de contratos y Juan Loor, tras una presentación en el parque de diversiones Gorky de Moscú, tendría que huir de Rusia disfrazado de azafata después de haber declarado, en rueda de prensa, que era dueño de un condo en Boca Ratón y que antes que nada le daba gracias a Dios. Con sus clones trabajando disciplinadamente dentro y fuera del Ecuador, el cuarteto se dedicaría a dar un vuelco creativo a su música y compondrían las canciones de “La banda de corazones hambrientos del Sargento Lechuga”, álbum conceptual que incorporaría a los clásicos pasillos del conjunto elementos del tango, la salsa y el inminente rock & roll. Y ese sería el final. El Ecuador les habría dado la espalda, Epstein los habría ignorado por completo tildándolos de “hechos los artistas” y serían los clones de Los Brillos quienes anduviesen todavía por ahí, amenizando con sus éxitos de siempre la cantonización de 24 de Mayo y las fiestas de San Pedro y San Pablo en la parroquia Picoazá.

Paúl Macías haría una carrera irregular como baladista para, años después, volver a los temas de Los Brillos. Jorge Jarrín tendría una cadena de restaurantes de comida hindú, su propia marca de inciensos y se habría salvado del cáncer al pulmón comiendo chuzos de gallinazo. Rengo Estrella estaría de lo más tranquilo viviendo de regreso en Manta, pescando, feliz de contar esta historia a quien quisiera escucharla. Y Juan Loor, lamentablemente, habría muerto en 1980. Alguien le habría pedido un autógrafo a la salida de su casa en Sauces 5, el barrio guayaquileño, aprovechando su distracción para asaltarlo y Loor, más pobre que una rata, seguro opondría resistencia. Moriría en un pasillo frío y mugriento del Hospital General Luis Vernaza, donde se habría desangrado durante horas a la espera de atención.

El álbum conocido como “Lechuga” se convertiría en el disco con más descargas del Internet en el 2007, año de su cuadragésimo aniversario.


(SoHo, Mayo-Junio, 2011)

12 comentarios:

Tiriel dijo...

Muy buen texto Pescado, los escarabajos tropicalizados!

Biola dijo...

Qué grande Rengo Estrella!! He gozado del texto tanto como de la versión narrada, que tuve la suerte de escuchar de boca del mismísimo JFA mientras comíamos ensalada aniñada en el cassolette, allá por abril del año en curso. Viejos buenos tiempos, que se recordarán, seguro, en la antología de Los Pescados, mientras tanto aguante Los Brillos!!

Anónimo dijo...

Es una suerte de apostador de ruleta que tiene la Soho contigo Juan Fernando. Eres el 7 que siempre gana, sin estar arreglado el juego. Me gusta el texto, porque no te hace pretender ser un beatleologo, y con tu buen gusto con la música y la historia, realmente diste vida en una historia a este banda como sice Tiriel "Escarabajos Tropicalizados"

PPFA9791

Anónimo dijo...

Q buen texto, que imaginación, que estilo para narrar, todo concatenado, coherente. Dile a SOHO que te pague el doble por este artículo

Joselo dijo...

En Sauces 5 ha bajado la delincuencia pero aun hay fumones en las esquinas pidiéndote 25 centavos para el cigarro

Carlos dijo...

Muy buen texto, me he reído mucho con las analogías :)
Sólo te faltó el romance de Juan Loor con una Yoly (Yoko) esmeraldeña tal vez.

Saludos!

diego núñez dijo...

de acuerdo con carlos, quizas falto la historia de amor de juan loor.

el personaje que mas me gusto es rengo. quizas un identificación entre bateristas? y por eso le pusiste más cariño al personaje. me gusta eso que vuelva vivir tranquilo a manta y a pescar. algo que ver con los pescados? además son manabas...

hiciste que los brillos sean muy tuyos. buena forma de volverlos ecuatorianos.

felicidades, buen texto

Wilson Valencia dijo...

El texto también podría haberse llamado "El cliché más grande del mundo". Viejo vos escribes muy bien pero últimamente te estás repitiendo mucho.

Maiz dijo...

GLORIOSO!!!

Juan Fernando Andrade dijo...

personal,

veo q en esta pregunta, la mayoría votó SI, así q a menos q c trate d un error d la encuestadora, duermo tranquilo. respeto el NO y, a diferencia d la tendencia oficial, tendré en cuenta su recomendación.

...y sí, faltó Yoko, cómo tendría q llamarse? d dónde sería? Babahoyo, tal vez?

aguante Los Brillos!!!!


saludes

Anónimo dijo...

Yoko tendria que ser una princesa shuar de nuestro Oriente, que vive en Quito y estudia pintura.

-José Antónimo- dijo...

Bacán... mas que una Yoly, o como se llame, me faltó, ya que se habla del principio de su carrera, un... ¿Esteban Estupiñán? El amigo de Juan que tocaba el bajo.

Saludos.