9.03.2012

El Nobel para Bob


Dentro de un mes, cuando la Academia Sueca decida a quien otorgar el Premio Nobel de literatura, Bob Dylan estará en su casa preparando maletas para viajar a Winnipeg, al sur de Canadá, donde tocará la noche del 5 de octubre en el MTS Centre, hogar de un equipo de hockey llamado los Jets.

Su persona de confianza, que podría ser Cat Power o Charlotte Gainsbourg o quizás sean las dos, le dirá que un tipo de acento raro pide desesperado hablar por teléfono con él, que ésta es la tercera vez que llama, que parece importante. El viejo Bob, que ya pasó los setenta y sabe distinguir las prioridades en la vida, dirá que no tiene tiempo para atender a extraños, que está ocupado, y seguirá mirando sus sombreros dispuestos en filas sobre la cama, sin saber cuál llevarse de tour. ¿El azul? ¿el negro? ¿el gris?

Mientras tanto, en Estocolmo, el encargado de comunicar la noticia a los ganadores no sabrá cómo decirle a sus superiores que el señor Zimmerman, como le dicen a Bob los académicos, no parece tener la menor intención de atender el teléfono. El pobre sueco llamará a su mujer y le preguntará qué hacer. Ella, que dejó de usar suecos a los quince años después de un accidente ocurrido durante una coreografía colegial, y que algo tuvo que ver con la decisión de premiar al músico de Minnesota, le dirá que, primero, se calme, segundo, vuelva a insistir y, tercero, no olvide comprar la albahaca para el pesto.  

Bob se parará frente al espejo con un nuevísimo sombrero de piel de leopardo sobre la cabeza, y pondrá esa sonrisa que apenas y le acomoda el comienzo de la mejilla. El teléfono volverá a sonar y esta vez un Dylan tranquilo y en paz consigo mismo tomará la llamada en la cocina. El sueco, que a siete horas de distancia en el futuro se estará peinando el pelo que despeinó en la espera, le dirá con tono solemne que ganó el Premio Nobel de literatura. Bob cerrará sus ojos azules por nada más que un segundo antes de decir: solía importarme, pero las cosas han cambiado. Colgará el teléfono, dará un salto y juntará los pies en el aire como Chaplin. Será feliz, pero nunca se lo dirá a nadie.

(El Comercio, 02/09/12)  



Y de yapa, el nuevo video de Bob, Duquesne Whistle, de su álbum Tempest, modelo 2012. 

1 comentario:

Antonio Lara dijo...

¿Es en serio?, Lo predijiste...