2.20.2013

Monsters Inc., otra vez




La primera vez que la vi, hace más de diez años, quedé mal. Con esto quiero decir que quedé bien, contento, feliz de saber que todavía existen monstruos en el armario. Me hubiese gustado verla de niño para comprarme a Mike Wazowski y James P. “Sulley” Sullivan y jugar y dormir con ellos. Cualquier escusa habría sido buena para pasar algo más de tiempo con estos personajes.

Monsters Inc. vuelve a la pantalla grande y aunque el 3D del que se han valido para revivirla no sea gran cosa verla de nuevo y en el cine y a oscuras sí que lo es. En estas ocasiones a uno le dan ganas de tener hijos para llevarlos y presentarles a estos viejos amigos que, si bien no han estado siempre presentes en sus vidas, son como familia. Quizás sean parientes lejanos, pero familia es familia. Por suerte existen los ahijados y los sobrinos y los primitos, a los que uno puede devolver al final del día.

Después de revisitarla y celebrarla me queda claro que la cinta, más allá de la aventura y el humor, se trata de vencer el miedo que nos tenemos los unos a los otros: se trata de conectar. Si seres en apariencia tan distintos y de mundos diferentes como los monstruos y los niños pueden entenderse e incluso ayudarse, tal vez haya oportunidad para los demás. Me parece que a John Lennon le hubiese gustado esta película y capaz hubiese hecho una canción sobre ella y ganado el Oscar que le dieron a Randy Newman.  

En su momento, Wazowski y Sullivan perdieron la carrera como mejor película animada en los premios de la academia contra Sherk, algo que nunca entenderé porque en ese otro reino ni el ogro ni la princesa ni el burro lograron conmoverme, pero bueno, no importa, Monsters Inc. no necesitaba premios porque ya había ganado. La cinta es redonda como el buen Mike y tan grande y segura de sí misma como el gran –en todos los sentidos– Sulley.

Entre las películas animadas que en este siglo son constantes y sorprendentes, Monsters Inc. está ahí con las mejores: Toy Story, Ratatouille, Como entrenar a tu dragón y la nueva y flamante Ralph El Demoledor. Todas supuestas cintas para niños de las que los adultos salen emocionados o abrazándose o bajando la mirada y acelerando el paso para que nadie se de cuenta de que están llorando. Ojo, estos monstruos pueden hacerte llorar.

Si fuera posible borraría de mi cerebro el recuerdo de esa primera vez hace más de diez años para enamorarme de nuevo. Y luego, cuando haya pasado otra década y la saquen en hologramas o algo así, volvería escribir estas palabras.  

(El Diario)