2.04.2013

Arte moderno


Marla Olmstead tenía cuatro años la primera vez que sus pinturas fueron colgadas en una galería de arte; no en las paredes de un salón de clases o en la refrigeradora de su casa sino en una galería de verdad con clientes de verdad dispuestos a pagar dinero de verdad. Por esos días la pequeña se convirtió en la persona más famosa en haber salido jamás de Binghamton, en el estado de Nueva York.

Su popularidad contradijo una de las canciones que Lou Reed escribió para Andy Warhol, en la que dice “cuando creces en un pueblo pequeño, piensas: nadie famoso salió de aquí” De hecho, varios críticos de arte compararon a Marla con el mismo Warhol (15 minutos de fama, cuánta razón, ¿tenía Warhol YouTube antes que nosotros?) pero también con Picasso y con Pollock.

Y sí, en este siglo es más fácil ser famoso o por lo menos ser visto por millones de personas, pero igual, estamos hablando de una niña de cuatro años cuyos primeros cuadros, catalogados como arte moderno y abstracto, se vendieron por miles de dólares en una sola noche. Es más, el revuelo fue tal que el programa 60 Minutos le dedicó un especial entero en televisión y, después de mostrarla como una aparente niña prodigio, la acusó de fraude basándose en el testimonio de una psicóloga infantil.     

En 2007, el director de documentales Amir Bar-Lev estrenó en Sundance Mi niño podría haber pintado eso, una película protagonizada por Marla y su familia, en la que los padres defienden la autenticidad de las obras de su hija y él se pierde entre las muchas dudas y pocas certezas que le revela su investigación. Al final, el documental no se pone ni de un lado ni del otro y el espectador debe llegar a sus propias conclusiones, lo mismo que cuando uno se para frente a una supuesta obra de arte.

El tema, el gran tema, es si el arte se puede –o se debe– calificar. ¿De verdad a tanta gente le gusta Pollock? ¿La pequeña Marla es como Picasso?, ¿es mejor? Estas son las preguntas equivocadas. La única verdad es lo que sientes cuando lees, cuando ves, cuando escuchas. La verdad es que te falte el aire y quieras contárselo a todo el mundo. La verdad eres tú.
(El Comercio)