3.29.2016

Las ventajas de perder la razón


El amanecer de la justicia lleva apenas cinco días en cartelera y ha recaudado casi 500 millones de dólares en taquilla. ¿Por qué?, si se supone que a nadie le gustó. ¿Por qué?, si la crítica la destrozó y la usó como excusa para crear varias piezas de literatura breve que se merecen la posteridad. ¿Por qué?, si el público se burló abiertamente de ella en redes sociales: Sad Affleck es el mejor Spin-off en la historia del cine ¿Por qué?, si Doomsday parece una Tortuga Ninja que se inyecta esteroides. ¿Por qué?, si la Mujer Maravilla no sale desnuda. ¿Por qué?, si es larguísima. ¿Por qué?

La he visto dos veces. La primera, con amigos treintañeros para quienes la cinta pierde toda credibilidad (si es que la tuvo en algún momento) cuando decide resolver uno de sus varios conflicto usando a la madre de Superman como lazo para atarlo a Batman. La escena, de pretensiones freudianas, es digna del peor culebrón latinoamericano pero, también, de los cómics más jugados, los que han llevado la sensibilidad de los personajes a niveles prohibidos: All-Star Superman y Superman For All Seasons, por ejemplo. Esa tarde, durante esa primera función, había adolescentes que, según lo que escuché, sólo querían ver a Batman dándole una paliza a Superman así que con eso el asunto quedó zanjado.

La segunda vez fui al cine solo y me senté en el centro de la sala, como corresponde. Habían pasado más de cuarenta y ocho horas y seguía con la impresión de haber visto algo enorme, colosal, épico. Necesitaba saber si era verdad. Y sí, lo era. Lo es. El director Zack Snyder ha hecho una película absolutamente incomprendida, empezando porque ni siquiera él termina de entenderla: la historia avanza a un ritmo tan vertiginoso que agota (me lo dijeron varias personas: salí agotado) y además se ramifica lo suficiente como para extraviar a cualquiera, conozca o no los antecedentes del mito, tenga o no tenga brújula intelectual. A veces, parecería que la película se trata sobre un viaje al fondo de la cabeza de un director de cine que ha perdido la razón, que sueña con gigantes y que levita con violencia sobre lo terrenal para hablar y filmar desde el olimpo: una película sobre un cineasta que ya no pertenece al reino de este mundo. Me imagino una biopic donde Zack Snyder habla y se mueve con la ansiedad histérica de Howard Hughes, donde sólo él entiende lo que quiere, donde sólo su mirada puede abarcar el horizonte de sus ambiciones, donde el cineasta ha llegado a la terrible y solitaria conclusión de que para filmar a los dioses debe pensar como uno de ellos.

Zack Snyder creyó que estaba haciendo Los diez mandamientos de Cecil B. DeMille o Ben-Hur de William Wyler: quizás en sus fantasías más húmedas aparece Charlton Heston como el presidente de los Estados Unidos o algo así. Quiso pintar la Capilla Sixtina en la pantalla de un IMAX. Y no está mal, si estás en Hollywood y te han encargado el Universo DC –repito: si te han encargado el universo– lo menos que puedes hacer es pensar en grande, más aún con los himnos bélicos de Hanz Zimmer y Junkie XL, que son un fuerte y claro llamado a las tropas. Snyder apostó por sus delirios y aunque no todos pagaron hay varios que se materializaron sospechosamente bien: ahí está la peor pesadilla de Batman, un mundo controlado por un ejército oscuro y autoritario que lleva el símbolo de Superman cosido en los hombros, un mundo donde el Caballero de la Noche se ve obligado a dejar de ser un caballero, a romper su única regla y descargar el plomo de su causa sobre la gente a la que algún día juró proteger. Snyder cruzó el límite y con todos sus excesos, algunos de un preciosismo nunca antes visto y otros de un egoísmo impenetrable, hizo una cinta gigante dentro de una liga de cintas gigantes, una película tan grande que es incapaz de doblar el cuello y observar lo que está pasando a sus pies.    

Y es a ese desequilibrio mental, provocado, como todos, por un arrebato del sentimiento, al que por lo menos yo le debo cinco de los mejores momentos de mi superhéroe favorito (tomando en cuenta películas anteriores, libros, series animadas y otras deidades de religiones varias). 1) Cuando Superman rescata a Louis Lane (que, dicho sea de paso, ha quedado para eso, para ser rescatada) en África y no es más rápido que una bala sino que es la bala misma. 2) Cuando Superman flota sobre una ciudad inundada que nos recuerda demasiado a New Orleans sumergida en la rabia del Huracán Katrina, en agosto del 2005: la gente ha pintado el código kryptoniano de la esperanza en un techo para llamar a un milagro pero ese milagro no sabe si debe ocurrir o no. 3) Cuando Louis Lane le pregunta a Clark Kent si puede amarla y seguir siendo él mismo (¿no es lo que nos preguntamos todos?) y él se mete con todo y ropa en una tina de agua blanquecina, lechosa, y ataca a su mujer con besos irracionales. 4) Cuando cruza la frontera para salvar a una niña en México donde, vaya coincidencia, están celebrando el día de los muertos y quienes lo miran lo miran desde sus caras pintadas con el rostro de la muerte: Superman devuelve a la niña a los brazos de su familia, la gente lo toca como si se tratara de un Santo, reflejándose en su gloria como si fuera el Salvador durante tantos siglos anunciado, y él no puede hacer otra cosa que consumirse en la vanidad del momento. 5) Cuando toma la lanza con punta de kryptonita y, mientras sus células se debilitan, mientras se muere antes de morir, vuela hasta clavar la lanza en el pecho de Doomsday, el demonio que le devuelve la estocada, que lo atraviesa con sus huesos y lo deja colgado en la tragedia de los héroes. 

3 comentarios:

eric lopez dijo...

Yo también la he visto 2 veces...ñaña linda te gusto o no ??? no creo que debas usar tanta filigrana para justificar lo injustificable.
Porque hablas de lo que hizo Snyder como si fuera Kurosawa??? Esa mal llamada "cinta gigante" por ti ( tal vez lo haces por el presupuesto ) no agota sino que harta al punto que uno espera desesperadamente el final de ese esperpento.
Puedo entender que encuentres un placer insano en esos delirios "sospechosamente bien materializados" del director a los que te refieres, pero eso no alcanza para una cinta que ni la música de Zimmer pudo salvar.
En cuanto a tus "cinco mejores momentos" debo recomendar, con el argumento que me dan 20 años de amistad, que te hagas revisar el sensor...

Con amor infinito...
Piojo

Veronica dijo...

Ja ja ja ja ja ja ja ja ja! !! piojo rocks!

Marco Rea G dijo...

http://screenrant.com/batman-v-superman-best-story-movie/
No concuerdo con todo lo que dice el articulo, pero da otra perspectiva interesante.