1.02.2017

Réquiem


La gente reacciona. Varias mujeres dicen que La Princesa Leia fue su primer ídolo, el primer personaje que las inspiró y las llenó de fuerza para atreverse a ser diferentes y abrirse camino en un planeta acaparado por hombres. Y varios hombres dicen que esa misma princesa fue su primer amor, algo así como el descubrimiento de que al final sólo hay algo por lo que en verdad vale la pena luchar y arriesgar la vida: una mujer.

Se siente un vacío, como si se hubiese ido alguien realmente cercano. Supongo que así fue. Quizás no conocimos mucho o muy de cerca a la actriz Carrie Fisher, pero ahora que vemos el espacio que ha dejado sentimos el peso neto de su presencia: esa mirada que siempre estuvo ahí, cuidándonos, y de pronto deja de vernos. Lo trágico de la muerte, dicen, es quedarse atrás, tratar de seguir con la vida cuando ya no hay ganas de continuar: su madre, la legendaria Debbie Reynolds, que siempre la había protegido o querido proteger, murió tan solo un día después.  

No fue una gran actriz. O tal vez sí. Nunca lo sabremos porque nunca tuvo oportunidad de mostrarse mucho más allá del personaje que la convirtió en lo que fue pero no le permitió ser nada más. Donde sí se dejó ver, donde habló fuerte y claro y con voz propia fue en sus libros. Postcards from the Edge (Postales desde el filo), su primera novela, es o debería ser uno de los mejores debuts literarios en la historia y está entre lo más íntimo, arriesgado y esencial que se haya escrito sobre las familias de Hollywood. Y Wishful Drinking (Mi vida en esta galaxia), una especie de monólogo-cómico-autobiográfico, exhibe su lado más vulnerable y encantador: una princesa que entra y sale de una torre donde pasa media vida bebiendo alcohol, tragando sorbos de Coca Cola helada y tomando pastillas.

Queda claro que no pudo desprenderse de las cosas que la ayudaron a vivir y limpiarse del todo. Pasa: uno se mete cosas que luego no se puede sacar. Pero, además, ¿puede haber algo más bello que una princesa borracha y drogada?, ¿puede haber algo más triste que una princesa borracha y drogada?, no creo. Me consuela saber que hizo las cosas a su manera y que si acaso no pudo escapar de su destino pues tampoco huyó de él. Protagonizó una vida real que parece una película y nos dejó creer el resto.   

Ha muerto La Princesa.
El espacio es infinito y eterno, ella también lo será.
Larga vida a La Princesa.
En el espacio nadie puede oír tus gritos, pero tu voz está colgada en nuestro pecho como una medalla que nos alumbra el rostro con su resplandor.
Salud, Princesa.
Estamos a tus órdenes.     

(El Diario Manabita)