1.30.2018

El regreso


Escribir para salir de la cama, para tener una razón para empezar el día, para abrir los ojos y atreverse a mirar lo que hay delante y también lo que se derramó sobre la almohada la noche anterior, para cambiar todo lo que puedo y quiero cambiar, para reconocer que hay cosas que no puedo cambiar pero sí puedo escribir y, al escribirlas, aceptarlas, mirarlas, verlas, para mirarme al espejo y poderme ver a los ojos sin tener que bajar la mirada tras unos pocos segundos, para seguir siendo lo que soy.  

Escribir sobre los demás para entender a los demás y entenderme a mí mismo, escribir sobre otros sin proteger a los inocentes porque nunca hay inocentes qué proteger, escribir para echar luz sobre la oscuridad y alcanzar a ver lo que antes no podía, para tocar el miedo, para sostener al miedo del cuello y arrastrarlo por el piso, para limpiar el piso con el miedo, para empezar a correr cuando los otros recién empiezan a caminar aunque no tenga dónde ir o no sepa dónde ir o sólo pueda llegar donde voy si sigo escribiendo.

Escribir para olvidar, para olvidar lo que nunca podré olvidar, para recordar, otra vez, que hay cosas que jamás podré olvidar pero que puedo soltar si las escribo de una buena vez y por fin, para alejarme de esas cosas y tomar distancia, para acercarme a esas cosas y tomar acción, para poder estar en la presencia de esas cosas sin que esas cosas me tomen prisionero, para ser esas cosas que llevo dentro y que a veces, cuando escribo, salen y brillan como si fueran la luz que sudan los poros cuando escriben.

Escribir para alargar un brazo que tiene la mano abierta, para que alguien me rescate después de haber tocado el fondo con todo mi cuerpo, para rescatar a alguien que está hundido en la superficie, para conectar, para tocar lo que no se puede tocar porque no existe o que sólo se puede tocar porque no existe, para que las cosas en las que creo existan en el mundo y caminen libres y sueltas por ahí, para ir soltando el peso nuestro de cada día, para que esto tenga sentido, para que todo lo que me rodea pierda el sentido.    

Escribir para ver el fuego en tus ojos, la luna en tu frente, el mundo entero girando sobre la punta de tu nariz, la tormenta atrapada entre tus costillas, la convulsión de tu corazón latiendo, para ir desmembrando tu cuerpo y regar los pedazos a un lado del camino para que de esos pedazos salgan otros pedazos y de esos otros pedazos otros pedazos más y en el camino crezcan los pedazos de tu cuerpo como árboles gigantes y nos cubran de sombra, para poder mirarte sin tener que hablar y contarte lo que veo cuando te escribo.

Escribir para terminar, para cerrar las viejas heridas y dejar espacio a las nuevas heridas, a las heridas por venir, para marcar mi espacio en la eternidad, para contar lo que no se debe contar, para pedir perdón, para que me perdonen, para hacer justicia y hacer daño y hacer lo que haya que hacer, para caminar sobre las ruinas de este mundo, para vivir en mi mundo y verlo crecer, para que todo lo que nos pasa pueda quedar atrás aunque nada nunca quede atrás. Escribir para seguir escribiendo.  

4 comentarios:

eric lopez dijo...

For what it’s worth

daavicho dijo...

Salud, JFA.

Juan Fernando Andrade dijo...

Salud!

Karol zapata dijo...

Juan Fernando Andrade amo tu novela hablas demasiado, hace años en el colegio me obligaron a leer, pero desde ahí se ha convertido en mi novela favorita la recomiendo a todos y me siento tan identificada. Definitivamente eres un escritor que ha experimentado la realidad ecuatoria. Éxitos y bendiciones eres el mejor, espero algún día poder conocer a mi ídolo ! ❤️