5.02.2008

Llegó El Pasado, y no está bien.


Originalmente, planeaba escribir sobre lo vivible que se vuelve Quito cuando buena parte de sus habitantes están fuera. Quito B Vs. Quito A. Impresionante cómo le cambia la cara a una ciudad que, entre neblina y smog, casi nunca se deja ver el rostro. Las calles parecen más grandes, los parques más verdes y la gente más gente. De pronto, el mundo es amable, te deja respirar, los restaurantes no están llenos y no necesitas una hora de tránsito para llegar de un lugar a otro. Las horas son más largas, hay más tiempo para vivir y menos preocupación por sobrevivir.

En eso estaba, feliz en mi ciudad vacía, casi exclusiva para mí y otros elegidos, cuando el rabillo del ojo, que es más cinéfilo que uno, alcanzó a ver una película que estaba esperando desde hace mucho: El Pasado, basada en la cada vez más grande novela homónima del escritor argentino Alan Pauls.

Hace meses, ya no recuerdo cuántos, escribí un post dedicado a defender la novela, no porque le haga falta que yo abogue por ella, sino que, al enterarme de la incipiente adaptación cinematográfica, sabía que su reputación estaría en juego. En el Ecuador pasa mucho, la gente ve una mala película y asume, irónicamente a ciegas, que la novela en la que está basada es, también, un adefesio. Pues no, esa no es una regla ni mucho menos.



El Pasado, la película, fue dirigida por Héctor Babenco, un tipo respetable en la medida de lo posible. Adaptó, en el 85, “El beso de la mujer araña”, y no lo hizo mal (aunque después de ver El Pasado, creo que lo correcto sería volver a verla antes de mencionarla como referencia). Y en 2003 estrenó la exitosa “Carandirú”, que de pronto jala mucho para el lado de lo “social”, pero se deja ver. Hay que entender que lo “social” no es siempre cinematográfico.

Ahora bien, compré la película, emocionado como un niño y, al mismo tiempo, amargado como un viejo. Me repetí varias veces, “No puede estar bien, es imposible adaptar El Pasado y salir ganando, la vas a odiar, te vas a arrepentir, mejor no”. Puse play y, como dice esa canción tan mala que es buena: todo se derrumbó, dentro de mí, dentro de mí. Gael García Bernal y Analía Couceyro están en los papeles principales. El tiene sus momentos, pero su esfuerzo no logra salvar al barco. Ella es simplemente insoportable, recita todas sus líneas, habla de lejos, se cree mejor de lo que es y sobreactúa más de la cuenta. Es una pena. Juré que este blog no calumniaría a nadie en particular. Así que acá me detengo. Si tienen ánimo, vean la película y juzguen por ustedes mismos, que es, después de todo, la mejor y la única forma de juzgar con propiedad.

Mi punto, hoy, es el mismo de hace meses: hay que leer El Pasado. Tiene más de quinientas páginas y demanda mucha colaboración del lector, pero es una experiencia inolvidable. El plot es sencillo: tras doce años de relación, Rímini y Sofía deciden terminar. El resto es, en palabras del mismo Alan Pauls (lo dice en la entrevista del Making Of, lejos, lo mejor del DVD), “mostrar al amor como la pesadilla más horrenda que pueden tener los personajes, sin que ellos se den cuenta”.

4 comentarios:

Ludovico dijo...

Me pondre a leer. Necesito un lectura así

sean dijo...

nada que ver con el post...pero en el webeo rutinario encontre esto que puede ser de tu agrado
Loriga sobre Carver

Esteban dijo...

tipico, el libro siempre mejor que la peli. hay que leer 'El pasado' porque el Alan Pauls es un maestro de la narracion. Me acuerdo que hay dos paginas sobre como la pelota de tenis va de un lado al otro. pero tambien hay que ser bien paciente pa terminarlo.

Eduardo Varas C dijo...

Y me pongo a pensar si 500 páginas es mucho para leer...

Un amigo me dice que la novela como formato muere por la falta de tiempo. Supongo que leer una novela larga, ahora, (qué se yo, algo de Bolaño, o La Guerra y La pAz) es un acto de supervivencia y de subversión.

Saludos