6.17.2008

16-06-08


Un asunto de mujeres (Une affaire de femmes)
Francia / 1988 / 100 min.
Escrita por: Claude Chabrol & Colo Tavernier O’Hagan
Dirigida por: Claude Chabrol

Me dice el Internet (la bola de cristal de nuestros días) que Claude Chabrol fue también colaborador y crítico de la prestigiosa revista Cahiers du cinéma, que escribió extensos e importantes ensayos sobre Alfred Hitchcock en compañía de Eric Rohmer (director de La rodilla de Claire) y que tras heredar una cantidad nada despreciable, invirtió sus nuevas riquezas en sus películas y en las de sus amigos. Admirable la actitud de este hombre, que en vez de comprarse un castillo y vivir como un Playboy viajando alrededor del mundo, financió sus producciones y las de sus panas.

La carrera de realizador de Chabrol comienza a finales de los cincuenta. Un asunto de mujeres se rueda exactamente treinta años después del debut como director de Chabrol. Se nota a leguas que esta cinta viene de un tipo con años en el taller, que conoce la carpintería y se toma los riesgos propios de quien ha acumulado kilometraje con los años. El personaje principal se llama Marie y está en las carnes de Isabelle Huppert, la misma que a comienzos del siglo XXI vino al Ecuador como protagonista de La profesora de piano (dirigida por Michael Haneke). Aquella vez, a quienes la vimos en cine, la actuación de Huppert nos desbarató, nos desarmó y de tan fuerte nos noqueó. Recuerdo que no pocos salieron asqueados o, como mínimo, confundidos y ofendidos en alguna medida inconfesable. No era para menos, ahora, tampoco lo es.

Marie tiene dos hijos pequeños y vive en un pequeño pueblo en los tiempos de la ocupación nazi. Es pobre. Su esposo ha estado en combate y al volver no encuentra trabajo. Para nivelar en algo la apretada situación económica en que se encuentran ella y su familia, Marie presta un servicio: ayuda a mujeres que acarrean embarazos no deseados a volver a la normalidad. Algunas de sus pacientes han sido violadas por soldados alemanes, otras, simplemente metieron la pata. Recordemos que estamos en 1943 y esta práctica es vista como un crimen. Ahora bien, como todos, una vez que Marie consigue algo de dinero, quiere más. Entonces alquila una habitación de su piso para que Lulu, su amiga prostituta, ejecute ahí su vocación. Las penas con pan son menos, dice la gente, y tiene razón. De pronto, aunque la vida de Marie no es perfecta, se deja vivir, y se disfruta. Ella atraviesa por un momento que pensaba la existencia le negaría para siempre. Tal vez no de la forma correcta, tal vez no con sobra de méritos, tal vez pensando que el fin justifica los medios, pero gozando de esta, la única oportunidad que tiene de ser feliz en este mundo.

Como nada dura para siempre, y ya lo cantó José José: hasta la belleza cansa, Marie terminará condenada por una sociedad hipócrita y mercenaria que trata de limpiar sus propias culpas degollando a otros. Una película dura, en la que toca poner de parte. Una actuación merecedora de laureles para una historia que, al final, habla de ética, del momento en que ponemos nuestra felicidad delante de todo y de todos.

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