6.27.2008

27-06-08


Mi noche con Maud (Ma nuit chez Maud)
Francia / 1969 / 100 min.
Escrita y dirigida por: Eric Rhomer.


El mismo Eric Rhomer de La rodilla de Claire, que casi me vence pero me acabó gustando. En general, también la misma fórmula: muchos pero muchos diálogos inteligentes (líneas a las que por muy poco, no se les va la mano) y pocos pero pocos movimientos de cámara. A Rhomer, definitivamente, le gusta que la gente hable en sus películas mientras, claro, no digan tonterías. Y no las dicen. A veces mandan máximas que suenan demasiado a guión como para tener vida propia, pero siempre, al final, salvan.

Mi noche con Maud es algo así como una comedia. No es completamente una comedia, no te ríes de principio a fin ni nada por el estilo, sin embargo, queda clara la ironía, el gusto por poner en jaque posiciones que se debaten entre lo moral y lo ridículamente moral. Tenemos a un treintañero católico, correcto en la medida de lo posible, un tanto rayado en su dato puritano, que al salir de una misa encuentra, por casualidad, a quien cree será la mujer de su vida. No sabe quién es, cómo se llama, dónde vive. Sabe, sí, que la volverá a encontrar porque simplemente no puede ser de otra manera. Nosotros también lo sabemos porque, de otra manera, no habría película. El treintañero Jean-Louis calcula las probabilidades de ese encuentro con su amigo Vidal, entregado al marxismo y a la libertad del deseo. Esa noche, Vidal invita a Jean-Louis a pasar una noche en casa de Maud, con quien Vidal mantiene una relación ambigua, de esas que se sostienen en esporádicos encuentros socio sexuales. Maud es el diablo. Al lado de Jean-Louis, Maud es el diablo. Está divorciada, cuando estaba casada tenía un amante y su esposo una querida, tiene una hija pequeña, su cama en la sala, junto al comedor, y es una mujer hermosa por donde se la mire. Vidal se embriaga y se va. Jean-Louis se queda y Maud lo invita a dormir con ella. Jesús frente a la tentación, frente a una María Magdalena sesentera y francesa. Sin duda, lo mejor de la película sucede en esa cama-comedor. Una gran conversación, ágil, ingeniosa, graciosa, que desviste a las personajes y, por lo tanto, intenta quitarle la ropa al espectador (conmigo llegó a segunda base).

Luego, la peli vuelve al ritmo Rhomer, un ritmo que para entonces hemos agarrado o simplemente desechado. Lo agarré o creo que lo agarré. A Jean-Louis se le concede un milagro que acaso y sea producto de su fe. Su objeto de deseo, que se parece a él pero tiene lo que los cristianos de extrema dura llamarían manchas. El caso es que encuentra al amor de su vida y se queda con ella, se casan, tienen un hijo y años más tarde, en la playa, encuentran a Maud. Las cosas se resuelven muy a lo Rhomer. Los personajes terminan haciendo lo correcto, tal vez sin pensarlo, tal vez sin quererlo, muy probablemente, creyendo que no lo han hecho.

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