6.19.2009

El hombre concreto


Me siento afortunado cuando les deseo a otros lo que me ha ocurrido a mí. A otros les deseo que estudien cine para que entiendan que en este mundo nada o casi nada puede hacerse por cuenta propia, que cualquier logro gana, suma y se amplifica cuando se comparte con un crew. A otros les deseo que tengan una banda de rock, no necesariamente que toquen música o se conviertan en músicos sino que armen una banda de rock, suban a un escenario por lo menos una vez en la vida, y toquen fuerte, duro, que se hagan escuchar y dejen un par de sordos colgados por ahí. A otros les deseo que escriban, que sientan el dolor, el inmenso placer y que se descubran en el cnetro de la soledad compartida. A otros les deseo, también y quizás con más fuerza que en los casos anteriores, que pasen su infancia en una ciudad pequeña, de preferencia cercana al mar.

Sigo enganchado con el greatest hits de Gatopardo (hasta ahora, cumpliendo con una norma que nadie me ha impuesto, debo decir que la crónica “Tres tristes tazas de té”, de la argentina Leila Guerriero, lleva una dificilísima, corta y solvente delantera). Me encuentro con “¿Por qué vivo en Santos Lugares?”, más que una crónica, un testimonio de vida y una declaración de principios de Ernesto Sabato. Ya, Ok, lo sé: Sabato no es lo que era, no ha logrado adaptarse (¿es obligatorio adaptarse?) al formato digital y desde que se metió en esa onda de auto ayuda intelectual y poética, me refiero a “Antes del fin” y “La resistencia”, su voz suena como suenan los viejos chochos que se quejan de todo en los acilos para ancianos. Pero sea como sea, Sabato ha escrito como nadie, ha escrito de lo mejor que se ha escrito en Latinoamérica y en el mundo y muchos, muchísimos, moriríamos tranquilos teniendo a cuestas tan solo las primeras líneas de “El túnel”. Pues bien, en este texto el escritor argentino habla sobre el lugar en el que vive y expresa claramente porqué vive donde vine, en Santos Lugares (que gran nombre para un pueblo, y para una película y para una novela y para un disco)… una de las quince localidades que integran el Partido de Tres de Febrero. En su conjunto, estas tierras abarcan una superficie de casi cincuenta kilómetros cuadrados, al oeste de la ciudad de Buenos Aires.


Sabato no vive en Santos Lugares porque sea un santo, vive ahí porque, según él, ese lugar santo es uno de los pocos refugios para el hombre concreto. El hombre concreto no es un hombre de cemento, pero sí es un hombre sólido y de convicciones irreductibles, un hombre decidido, firme, que sabe lo que quiere y no va a permitir que nadie se lo arrebate.

Por todo ello me siento unido a este barrio, entrañable y largamente vinculado a sus vicisitudes y a su destino. No he llegado aquí por obra del azar, ya que no existe el azar en las cosas del espíritu: sino destino y propósitos, conscientes o inconscientes. Hace ya sesenta años llegué a este barrio construido a escala del hombre concreto. Y cuando digo hombre concreto me refiero a alguien con nombre y apellido, gentes que uno ve en su paso cotidiano, con quienes uno se detiene a hablar en la calle, rodeado de árboles, o en las placitas donde juegan nuestros hijos. Donde hay ferreterías, farmacias de pueblo y correos en las que a uno le fían si ha salido de casa sin dinero. Cuando vine a vivir aquí aún había canchas de bochas y boliches con mostradores de estaño. Y si bien era imposible que el barrio no fuese modificándose con el tiempo, ojalá al menos podamos mantener aquel ideal básico de comunidad que estúpidamente –y con bombos y platillos- está desapareciendo casi en el mundo entero. Porque se me encoge el alma cuando veo a los hombres y mujeres de las grandes ciudades, que van por la calle sin mirarse, pendientes de cumplir con horarios que hacen peligrar su humanidad. Espero no llegar a ver el día en que un concejal permita aquí la construcción de esos horrendos edificios torres, esas famosas “machines a vivre” de las que hablaba Le Corbusier. Esos gigantes de cemento y de hierro en el que nacen y crecen chiquitos que no sabrán nunca lo que es el pasto, las gallinas, los gatos, los grandes patios, las parras y glicinas. Porque en este mundo de ruidos, de nafta, de contaminación, de apuro, de dureza y grosería, soy aún lo bastante reaccionario para elegir quedarme con el silencio de los árboles, las plantas, la gente que saluda por su nombre, los chiquitos que pueden jugar en la calle o en la plaza, en compañía de sus madres. ¿El sueño de un viejo reaccionario? ¿O la imaginación de alguien que ve más lejos que aquellos que piensan que el precio del metro cuadrado de terreno es más importante que el precio de un ser humano? Aún prefiero, sí, el rumor del viento en el follaje, al aire viciado de la ciudad violenta.

Aquí estoy para siempre. Santos Lugares es mi patria chica. En este barrio, en esta antigua casona he vivido acontecimientos fundamentales. Aquí he vivido toda mi existencia literaria, aquí se gestaron mis novelas y mis ensayos, y aquí he vuelto a mi primera pasión, la pintura. En ella pasaron mis dos hijos su infancia y su adolescencia. Aquí murió mi mujer, y aquí me preparo yo también para recibir el supremo misterio.

Cuando en horas de la tarde me siento en el jardín a contemplar esta arboleda frondosa y sombría, con sus pinos y araucacarias centenarias, con las santarritas que trepan por la copa de los árboles, entre jazmines y glicinas siento cómo el aire se impregna de una paz que no se sabe definir. Tal vez, la gravedad de todo lo vivido.



Sabato exagera y aunque se le va la mano con el romanticismo está en todo su derecho. Después de todo, está hablando no sólo del lugar al que llegó para convertirse en Sabato sino también del lugar que lo verá irse ya convertido, totalmente transformado, en Sabato.

Las pequeñas ciudades, los pueblos, te dan una moral que las ciudades suelen pasar por delante. Si vives en un lugar donde cinco minutos son de verdad cinco minutos, donde puedes caminar a la casa de tus abuelos o de tu mejor amigo, donde el dinero alcanza, donde el tiempo alcanza y en caso de emergencia puedes correr hacia la playa y perderte en la superioridad del mar, sabes que siempre tendrás amparo.

Por último. Cuando murió Andy Warhol, Lou Reed y John Cale, distanciados desde la época Velvet Underground, se juntaron para escribir y ejecutar un álbum llamado “Songs for Drella”, cuyo primer tema reza en sus versos finales: There is only one good use for a small town, you hate it and you’ll know you have to leave. Hasta para eso, para escapar, para saber que el mundo es otra cosa y empezar a correr, debes pasar tus primeros años en un pequeño lugar santo... al que probrablemente volverás.



7 comentarios:

ds dijo...

conmovedor el post... lo que dices vos y lo que dice sabato, aunque choche y exagere...

saludos

ds dijo...

estaba pensando... no se si exagera del todo sabato en lo que transcribes en el post(si, me retracto),en lo de la resistencia de acuerdo.

mi abuelo murio a los 83 años, tuve una relacion muy cercana con él desde niño y los ultimos 8 años de su vida los vivió en mi casa, en la de mis padres, lo que puedo decir es que a medida que mi abuelo se fue haciendo viejo adquiria una especie de sensibilidad, no se extraña para mi al menos, hacia las cosas, lugares y personas que lo rodeaban, supongo que es que todas estas cosas se intensifican con la cercanía a la muerte, esa cercania te permite entenderlas desde algún punto de vista, desde algún lugar muy lejano para mi (tengo 25 años)... desde un santo lugar que no estaba solo alredor de mi abuelo, sino en sus adentros tambien...

saludos

juan manuel granja dijo...

grande Sabato

Raul Farias dijo...

Hablar de Sabato es hablar de existencialismo, creo. Y por casualidad, hace menos de un mes, estuve leyendo "Antes del fin". Coincido contigo en el pesimismo canson que rondea toda la biografia. Pero despues de "el tunel" y "sobre heroes y tumbas" no le podemos pedir más. Ahi quedo demostrado que el tipo es un genio, un atormentado genio y recientemente que estuve en Buenos Aires vi un nuevo libro de él. A los 98 años escribió: "cartas desde España" o algo así.

Saludos y Sabato es el mejor

LadyV dijo...

OHHHH!!!! Sabato!!!! OHHHHH!!!!

Anónimo dijo...

Que viva Portoviejo carajo

Juan Fernando Andrade dijo...

personal

queda claro que Sabato rules y q los lugares santos no tienen q ser, necesariamente, pequeños pueblos xq, más bien, uno los lleva puestos.

saludes