1.15.2010

Seattle, películas, Seattle


Hay varias maneras de recorrer una ciudad. Conozco gente que nunca ha salido del Ecuador y, gracias a ciertos libros o películas, sería capaz de guiarse sin problemas en, no sé, Rosario o Manchester, por ejemplo. Ver una ciudad en pantalla o leerla en papel es una forma de viajar y, en ciertos casos, una forma de realidad virtual tan poderosa como The Matrix. En esas estoy. Así me siento. Creo que he pasado más tiempo en salas de cine que en las calles. Tal vez no haya hecho el city tour de rigor ni me sepa de memoria los monumentos históricos de la ciudad (el más importante, obviamente, es el monumento de Hendrix, en Capitol Hill) pero sé que ahora conozco más de lo que conocía antes y que moverme de una sala a otra sin problemas equivale a encontrar un lugar para mí. Siento que llegué y me ubiqué.


Hace unos días, en casa, vimos Singles, la comedia-romántica-grungera de Cameron Crowe en la que Eddie Vedder, Stone Gossard y Jeff Ament son Citizen Dick, la banda de Matt Dillon. Singles pasa (¿las películas pasan o suceden?) en Seattle. La secuencia de créditos iniciales es como un tributo sobrio a la ciudad en la que, a comienzos de los noventa, pasaban muchas cosas que definirían a toda una generación. Ver las locaciones fue un placer. Estar ahí, aquí, donde está una película, potencia toda la experiencia y la hace memorable en el peor de los casos. Singles, ahora lo capto, es fallida, un poco ingenua y atolondrada, pero no es tonta, sabe perfectamente de lo que habla y aunque no lo articule muy bien le sobran onda y sentimiento. Ver Singles en Seattle es, me imagino, como ver Almodóvar en Madrid o leer El amor en los tiempos del cólera en Cartagena, esto último no me lo imagino, lo sé, es uno de mis mejores recuerdos.


Aquí vi The Imaginarium of Doctor Parnassus, la nueva de Terry Gilliam, una película que ningún cinéfilo, profesional o amateur, será capaz de ver objetivamente. Después de todo, Parnassus es la última aparición en pantalla de Heath Ledger y eso la convierte en un objeto meta cinematográfico, supongo. ¿Podría alguien hablar mal de esta película y dormir tranquilo?, tal vez dentro de unos años, cuando la cosa se haya enfriado, porque ahora sólo se puede disfrutar, solo se puede agradecer. Además, hay varias cosas impresionantes en Parnassus, empezando por el mismísimo imaginario, un lugar en el que el mundo es tal cual uno se lo imagina: cruzas un espejo hecho con papel aluminio y al otro lado te espera un universo creado enteramente por tu cabeza. Así, por ejemplo, el mundo ideal de una señora pelucona es un planeta en el que los zapatos de taco son gigantes y las perlas brotan brillantes de los jardines. Y, claro, uno se pregunta, varias veces, cuál sería su universo perfecto. Yo no sé que habría y que no en el mío. Pero estoy seguro de que el hígado sería mucho más resistente de lo que es ahora, todo sería gratis y yo tendría control absoluto sobre el paso del tiempo… ¡Ah!, otra cosa importante: en Parnassus, Tom Waits es el diablo, razón suficiente para jugarse el alma.


Por último, ayer, después de una corta pero constructiva visita al SAM (Seattle Art Museum), en la que vi una rata gigante que me impresionó gratamente y los soundsuits que hace Nick Cave con suéteres de lana usados y largas hebras de cabello humano, fui a ver Avatar en el IMAX del Pacific Science Center, al pie de la famosa Space Needle. Mi relación con James Cameron no es buena. Siempre le estaré agradecido por darnos Terminator pero, también, lo odiaré hasta el final de mis días por todo el daño que hizo cuando volvió a hundir el Titanic (que en su momento Santiago Roldós llamó apropiadamente Tontonic) y lo estrelló contra nosotros, mientras la desabrida y antipática Celine Dion cantaba la canción más odiosa del mundo. Pero bueno, ver Avatar se ha convertido en una especie de obligación (mérito de Cameron, sin duda) y yo quería ir al IMAX y era eso o una película sobre delfines en la que no salía Flipper. La buena noticia es que ahora lo entiendo todo. Sí, le salió, Cameron ha descubierto una nueva forma de hacer cine o, por lo menos, una nueva forma de filmar la ciencia ficción, algo no menor. La historia es predecible y oportunista, de ley, pero la animación, la puesta en escena, el montaje, todo lo técnico, digamos, es un placer. Igual creo que es muy larga y que lo realmente importantes es porqué George Lucas no esperó diez años más e hizo el Episodio I con las herramientas de Avatar.

Ok, gotta go. Hay mucho que ver antes de que empiecen los Golden Globes el domingo. See you at the movies.

3 comentarios:

Kros dijo...

Ah seattle seattle, la tierra de Jimmy de mi adorados ALICE IN CHAINS mas que el Kurt con todo el respeto qye me merece...algún día ire para alla (si la visa no me la niegan) por que quiero visitar la tumba de Laney Staley y conversa con él......decirle que fue mi ídolo desde que estaba en el colegio, contarle que una de mis mas grandes frustaciones es no haberlo visto en vivo, contarle que cada vez que escucho Don´t Folow, Nutshell y Brother me arrancá las lágrimas al igual que cada vez que miro el unplugged, es mas ahora (se me humedecieron los ojos) y que dolió como nadie su partida (más que la de Kurt, es algo que tengo que hacer algun momento de la vida visitar a mi ídolo

Say Good bye and don´t follow.......

Diego Valencia Araujo dijo...

jaaa, yo tengo la banda sonora de singles, genial los Lovemongers; zepplin in seattle

Anónimo dijo...

oye, tienes idea de porque el protagonista (el avatar) se parece full al man de soñadores de bertolucci, es mi idea o le copiaron el perfil!!???