7.28.2011

Entrevista universitaria en Expreso


El pasado lunes 25, diario Expreso publicó el primero de ocho suplementos enteramente diseñados, escritos y fotografiados por jóvenes estudiantes de periodismo de universidades guayaquileñas. A todas luces, la iniciativa merece aplausos o, cuando menos, una oportunidad. Opiniones frescas sin filtros ni censuras: del mar a su mesa.

Para esta primera edición me entrevistó Arturo Cervantes. Evidentemente se le fue la mano con la generosidad y eso terminó en exageración. Pero estoy muy agradecido con él, no porque me haya tomado en cuenta sino porque a través de mi, o mejor dicho de mi trabajo, habló de una generación que está buscando su lugar y, más importante aún, de un grupo de amigos/lectores que cree en las nuevas propuestas creativas del país.


Juan Fernando Andrade: el abanderado de la nueva ola de escritores criollos.

Por Arturo Cervantes

Sólo que él no se considera el abanderado. Y eso que, hace poco, reunió en un libro de cuentos, denominado Todos los juguetes (Dinediciones, 2011), a los diez autores sub-35, quizás, más talentosos del país. Y eso que su novela Hablas demasiado (Alfaguara, 2009 y Punto de Lectura, 2010) ha sido catalogada por la crítica como el punto de partida de la nueva narrativa ecuatoriana.

Es una generación muy auspiciada. Siempre se anuncia su llegada. ¿Ya llegó?, le pregunto para iniciar esta entrevista

JFA: Siempre la estamos esperando. Los escritores ecuatorianos vivimos con esa paranoia ridícula -pero real- de pensar que capaz uno puede ser ese escritor que la gente tanto espera.

Algunos dicen que ya llegaron y que están en “Todos los juguetes” (Andrade fue el editor). Ese libro reúne a escritores jóvenes con voz propia. Son escritores de oficio. Escritores que han ganado concursos, que publican en revistas. Gente joven que se la toma en serio.

No me importa cómo nos llamen, cómo nos bauticen, cómo nos cataloguen mientras exista gente que conecte con lo que escribimos. Cada uno escribe por su lado. Sin embargo, hay cosas que tenemos en común, cosas que nos afectan a todos porque han pasado mientras estamos aquí, en el mundo.



AC: El periodista Francisco Santana dijo que esta es “una generación que escribe de adentro hacia afuera, sin lenguaje rebuscado, sin pensar en las buenas costumbres o en lo políticamente correcto”. ¿Buscan hacer ruido?

No nos pusimos de acuerdo para escandalizar al Ecuador.
No escribimos para caerle mal a nadie, pero no vamos a hacer nada, absolutamente nada, para caerles bien. Si esas son las opciones, esta generación prefiere caer mal, en la medida en que eso signifique abrir cancha a nuevas voces, propuestas y realidades.

Es una generación que no quiere ocultar nada. Una generación cuyos héroes no son los que triunfan sino los que fracasan y siguen.



AC: ¿Aquello da para que los dinosaurios literarios piensen que son “inmorales”?


JFA: Si alguien cree que somos inmorales, irrespetuosos o desubicados, aquello viene de los valores que tengan ellos, no nosotros. Escribimos lo que vemos, lo que nos atraviesa, lo que nos golpea, lo que nos divierte, lo que nos parece verdad. Chocamos, es cierto. Hay gente que no nos quiere, es cierto. Para muchos simplemente somos niños alienados que quisieran ser gringos, europeos o cuando menos argentinos, es cierto. Pero estamos, existimos, somos. De a poco juntamos voces y nos convertimos en un coro. Quien no quiera escucharnos puede bien dar la media vuelta y seguir con lo suyo. Pero nadie nos puede remover, es demasiado tarde para eso. Ojalá alguien nos llamara punks.



AC: ¿La generación actual necesita “calle” para escribir? O sea, ¿chupar con los panas, meterse, de vez en cuando, una que otra sustancia ilegal y levantarse una chica en un bar para plasmar todo eso en la literatura?


JFA: Sí, pero eso también lo hacía Allan Poe hace 100 años; Henry Miller hace 80 años; y Bukowski hace 40 años. No es realmente nada nuevo. Si lees a Medardo Ángel Silva también vas a encontrar eso. Y si lees los cuentos de José de la Cuadra no vas a encontrar cocaína -porque no había en esa época- pero sí una gran cantidad de alcohol y excesos. En Los Sangurimas ves todo eso, por ejemplo.

Hay gente que lee mi novela (Hablas demasiado) y me pregunta: “¿En serio la juventud es así?”. Y sí, pues. Uno se encuentra con las drogas en las calles, en cualquier fiesta, en cualquier bar. Están ahí.

A mí me interesa escribir sobre las cosas que siento cercanas. Las drogas son parte de nuestro entorno diario. Y uno hace cosas a veces bajo la influencia de ellas. Las drogas te brindan experiencias sensoriales, sociales o incluso sentimentales y románticas que te pueden servir para crear un libro.

Pero no sólo inyectamos nuestra literatura de “calle”. También nos influenciamos de música y de cine. Yo me inspiro mucho con las películas de Woody Allen o con las letras de Nirvana.



AC: ¿Cómo nació “Hablas Demasiado” tu primera y única novela, que, según algunos críticos, inaugura la nueva narrativa ecuatoriana?


JFA: Yo escribí mi novela para vengarme. Yo hubiese querido leer un libro como el mío a los 15 años. Quería vengarme de mis profesores de literatura. Vengarme de este concepto de la literatura como algo “elevado”, “distante”. Yo odio esa pose intelectual que hace pensar que uno, porque escribe, es superior a los demás. Para mí ser escritor es un oficio, como cualquier otro.

Hay una frase de Woody Allen en “Annie Hall” que dice: “Los intelectuales son la prueba de que uno puede ser un genio y no tener idea de lo que pasa alrededor”. Puedes conocer a un tipo que se ha leído todos los volúmenes de Tolstoi, pero resulta imposible que se levante a una chica en una discoteca.

En el colegio, a mí me hacían leer cosas que no tenían nada que ver conmigo, con lo que me pasaba.

AC: ¿Te rebelas contra el mundo de los adultos?


JFA: Sí, pero con el mundo de los adultos que dice que a los 30 años debemos tener dos hijos, dos carros, casa con piscina porque si no, no eres nadie. Creo que ese es un estándar de éxito válido, pero no el único.



AC: ¿Cuál es el estándar de éxito válido para tu vida?


JFA: Yo tengo 30 años y no tengo ni perro ni casa ni carro pero tengo una banda de rock. Para mí eso es mucho más valioso que cualquier otra cosa. El estándar de éxito es acercarse a lo que uno soñó para su vida, a lo que uno siempre quiso ser. Cuando yo tenía 15 años, tomé la decisión inconsciente de ser escritor y yo a ese pelado le estoy cumpliendo día a día.

(Expreso, 25/07/11)


5 comentarios:

sick dijo...

Me encanta tu blog hermano, te admiro mucho y esta parte: "Si alguien cree que somos inmorales, irrespetuosos o desubicados, aquello viene de los valores que tengan ellos, no nosotros. Escribimos lo que vemos, lo que nos atraviesa, lo que nos golpea, lo que nos divierte, lo que nos parece verdad." me llego mucho. Gracias por tu palabras tus opiniones tus criterios tu musica y mas.

Anónimo dijo...

Bien, Juan Fernando:

Leer esta entrevista (que no la creo para nada exagerada) me llena de ánimo para continuar escribiendo. En Hablas Demasiado comprobé que con mi generación me unen más oosas de lo que yo pensaba. Y aunque reniego de eso, me voy aceptando y continuando con ese oficio del que me desvié por miedo pero al que quiero volver con esperanza.

Un abrazo,

Pablo

Juan Fernando Andrade dijo...

personal,

gracias x el aguante q le hacen a este blog, para mí todo tiene sentido si otros pueden, al igual q yo, disfrutar y querer lo q pasa en estas "páginas".

saludes!

andrea horra dijo...

BIEN! Esta entrevista no la había leído. Me gustó…sincera y sencilla, como debe ser. Saludos desde los Países Bajos

Adriana dijo...

Salud por las letras frescas!
Recién llego a tu blog. Y me ha gustado bastante. Volveré a seguir leyendo, comentando, etc.

Concuerdo con sick, ese fragmento de la entrevista es de lo más real. Escribir sobre cosas fáciles, sobre moral y buenas costumbres, es para un tal Carreño y su manual.

Siempre me resulta mejor leer lo épico como lo inmoral, lo perverso, lo visceral.

Sí, tengo que volver. A seguir leyendo.

Saludos