11.07.2008

Los árboles de Zambra ( I ).


Volviendo al tema Fiesta del Libro Quito 08, tras el Obama fest, he regresado a Bonsái, la primera novela del chileno Alejandro Zambra (1975), otro de los invitados a esta celebración de las letras. Creo que con ésta van tres o cuatro veces que la leo de un tirón, en una sentada. No es para menos, el libro es corto, menos de cien páginas, y tiene buen ritmo, tiene pulso, está vivo, avanza sin problemas y sin cortes comerciales.

Impresiona desde los epígrafes.

Pasaban los años, y la única persona que no cambiaba era la joven de su libro. (Yasunari Kawabata)

El dolor se talla y se detalla. (Gonzalo Millán)

El primer párrafo de la novela es, también, impresionante.

Al final ella muere y él se queda solo, aunque en realidad se había quedado solo varios años antes de la muerte de ella, de Emilia. Pongamos que ella se llama o se llamaba Emilia y él se llama, se llamaba y se sigue llamando Julio. Julio y Emilia. Al final Emilia muere y Julio no muere. El resto es literatura.

En efecto, lo que más hay en Bonsái es literatura. Es una novela para lectores que leen a escritores o para lectores que escriben y quieren o quisieron alguna vez ser escritores. De hecho, Julio y Emilia leen harto y empiezan su relación con una mentira, como casi todos los libros. Para ser exactos, las cosas suceden de la siguiente manera:

La primera mentira que Julio le dijo a Emilia fue que había leído a Marcel Proust. No solía mentir sobre sus lecturas, pero aquella segunda noche, cuando ambos sabían que comenzaban algo, y que ese algo, durara lo que durara, iba a ser importante, aquella noche Julio impostó la voz y fingió intimidad, y dijo que sí, que había leído a Proust, a los diecisiete años, un verano, en Quintero.

Quien esté libre de pecado que lance la primera piedra. Yo también he mentido, he dicho que he leído cuando apenas conozco la leyenda, el mito. Lo he dicho para quedar bien y, como Julio, para que alguna chica piense que soy más inteligente de lo que soy o, por lo menos, menos tonto de lo que aparento. Me gusta éste género de nerds literarios y eróticos.

Devino entonces en una costumbre esto de leer en voz alta –en voz baja- cada noche, antes de follar. Leyeron El libro de Monelle, de Marcel Schwob, y El pabellón de oro, de Yukio Mishima, que les resultaron razonables fuentes de inspiración erótica.



Julio y Emilia leen a Perec, a Onetti, a Raymond Carver, así como poemas de Ted Hugues, de Tomas Tranströmer, de Armando Uribe, de Kurt Folch y la Antología de la literatura fantástica de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo. Autores que seguro están en casa de Zambra, subrayados y ajados, o detrás de un cristal que dice: en caso de emergencia rompa el vidrio.



Las cosas entre Julio y Emilia empiezan a ir mal cuando, por ejemplo, les deja de gustar Macedonio Fernández. Este tipo de acontecimiento, de ruptura, son para un lector un regalo, una señal de compañía.

De todas las frases, hoy, me quedo con esta pregunta, que refleja el engranaje moral de esta novela.

¿Qué sentido tiene estar con alguien si no te cambia la vida?

3 comentarios:

Danielo dijo...

Bonsai seria una gran peli. Creo que de eso ya habiamos hablado. Una peli a lo Charlie Kauffman...por cierto chequeen el trailer de synecdoque new york (la ultima de kauffman) aqui:

http://www.apple.com/trailers/sony/synecdochenewyork/

Julieth dijo...

Por qué todo hacerlo película?

Amo la novela así como está:
escrita,
para leerla y releerla mil veces.

saludos

Ygdrassil dijo...

Y al final....plasmaron imágenes en cine y dejaron las esencias en el libro....