10.27.2008

Lecturas seguidas de más lecturas.


Shakespeare wrote for money es como un greatest hits, una selección de las columnas que el gran-gran escritor británico Nick Hornby despachó para la revista literaria norteamericana Believer, desde agosto-06 hasta septiembre-08. La columna de Hornby se llama Stuff I’ve Been Reading (cosas que he estado leyendo) y va mucho más allá de los libros. Tiene que ver con sus viajes, sus amigos, sus experiencias con lectores, su vida como padre de familia y, por supuesto, los títulos que lo han emocionado últimamente.

Ayer pasaron una de mis películas favoritas en el cable: Ratatouille. La vi, francamente, con la intención de quedarme dormido en el proceso, pero no se pudo, volví a enganchar y me la mandé entera, hasta el final. El tercer acto de Ratatouille debería ser material de cátedra en las escuelas de cine de todo el mundo. Desde que las ratas se unen para ayudar al pequeño chef Remy, hasta que él y sus nuevos amigos montan su pequeño restaurante en París. En el medio de todo eso está el monólogo del crítico culinario Anton Ego (en la voz de Peter O’toole), absolutamente magistral. Ego ataca su oficio diciendo cosas como “los críticos arriesgamos muy poco y aun así disfrutamos de un inmenso poder... las críticas destructivas son divertidas al leer y divertidas al escribir” Y al final reconoce que la parte más importante de su oficio es defender y pelear por eso en lo que cree.


Esto es exactamente lo que hizo Nick Hornby en su columna de la Believer. Luchar por sus derechos y por los de sus lectores. No sé cuántos libros se publiquen en el mundo cada día, pero seguro son muchos y pensar que uno leerá todo o la mitad o un cuarto de lo que quiere leer, es mentira. Aún así, seguimos comprando libros. En mi casa están por todas partes, en la sala, en el cuarto, debajo de la cama, sobre la mesa del comedor, sobre la cama, apilados en alguna esquina. Los libros me acompañan y me gustan como objetos, se ven y se sienten y huelen bien. Además, cual junkie, el no tener un libro que quiero me produce ataques de ansiedad e insomnio. No los leo inmediatamente ni mucho menos, pero me siento tranquilo sabiendo que vivo en un hogar donde me esperan, por ejemplo, las Memorias de un amante sarnoso, de Groucho Marx, y The Best of American Splendor, de Harvey Pekar.


Leer no es fácil. Toma tiempo y en este siglo el tiempo no solo vuela, se desvanece, se esfuma. Leer es un placer y conlleva esfuerzo. Soy más feliz leyendo que escribiendo, dijo Roberto Bolaño con la boca repleta de razón. Afortunadamente, hombres buenos como Nick Hornby hacen columnas-guías y nos ahorran algo de ese escurridizo tiempo. Un crítico de libros es al lector lo mismo que un médico de cabecera. Un tipo en el que se confía, una persona en la que se deposita no sólo dinero sino esperanza. Un crítico que te engaña, que te hace leer cosas sólo porque están de moda o porque fueron lo más vendido en las ferias de Guadalajara y Bogotá, es el enemigo, un ser ruin que no tiene perdón de Dios. El crítico debe ser tu amigo y yo a Hornby lo considero mi pana, mi bro. Me cae bien porque es intelectual mas no intelectualoide, porque está interesado en compartir y no en la pose del genio erudito, y porque se fija más en la cultura pop que en el renacimiento. Cuando escribe sobre lo que está leyendo, lo hace con alegría, tratando de comunicar porqué su vida es mejor tras haber leído Lush Life de Richard Price, o The Nashville Chronicles: The Making of Robert Altman’s Masterpiece de Jan Stuart. Nick Hornby lo logra, gana, hace lo mejor que puede hacer un crítico: darte ganas de dejar lo que sea que estés haciendo/leyendo y empezar ese libro del que acabas de conocer.


Cosas que he estado subrayando en las páginas de las cosas que Nick Hornby ha estado leyendo, y viendo.

How can you understand a novel if you don’t understand pain?

If we are going to judge things on their ability to power the great machines of the world, then we will have to agree that agree that music, charity, tolerance, and bacon-flavored potato chips, to name only four things that we prize here at the Believer, are worse than useless.

A good novel is one that sends you scurrying to the computer to look at pictures of prostitutes on the Internet. And as Michael Ondaatje’s Coming Through Slaughter is the only novel I have ever read that made me do this, I can confidently assert that Coming Through Slaughter is, ipso facto, the best novel I have ever read.

Anyway, hurrah for fiction! Down with facts! Facts are for the dull, and the straight, and the old! You’ll never find out anything about the world trough facts! I might, however, have a look at this Brian Clough
(1934-2004, famoso jugador y entrenador en Inglaterra) biography I’ve just been sent. Football doesn’t count, does it?

Yes, it’s the job of artists to force us to stare at the horror until we’re on the verge of passing out. But it’s also the job of artists to offer warmth and hope and maybe even an escape from lives that can occasionally seem unendurably drab.

Refiriéndose a USA e Inglaterra.

…if our two countries were full of fat readers, rather than millions of Victoria Beckhams, then we would all be better off.


It's the best film about an artist I'vre ever seen: it's meltingly beautiful and it has taken the trouble to engage its subject with love, care, and intelligence. What more do you want? Even if you hate every decision that Haynes has made, you can enjoy it as the best feature-length pop video ever made. Who wouldn't want to wacht Heath Ledger and Charlotte Gainsbourg making love while "I Want You" plays on the soundtrack?

I can telll you little about The Simpsoms Movie because -and I'm not big enough to resist naming names- Mila Douglas, five-year-old best friend of my middle son, was scared of it, and as her parents weren't with her, it was me that had to keep taking her out into the foyer, where she made a miraculous and immediate recovery every time. Scared! Of the Simpsons! I will cheerfully admit that I have failed as a father in pretty much every way bar one: my boys have been trained ruthlessly to wacth whatever I make them wacht. They won't flinch for a second, no matter who is being disemboweled on the screen in front of them. Mila (who is, perhaps not coincidentally, a girl) has, by contrast, clearly been "well brought up," by parents who "care", and who probably "think" about what is "age-appropiate." Yeah, well. What good did that to her on an afternoon excrusion with the Hornby family? From what I saw, the movie was as good as, but not better than, three average Simpsons episodes boled togheter-an average Simpsons episode being, of course, smarter than an average Flaubert novel. It could well be, though, that I was sitting in the foyer listening to Mila Douglas's views on birthday-party fashion etiquette during the best jokes.