10.02.2012

Grítalo fuerte



Mi hermana, mi hermano y yo teníamos en el cuarto de nuestros padres un baúl de tesoros. Estaba escondido en el mueble que sostenía al televisor y, justo abajo, guardaba al VHS.

No había cable, eran tiempos más sencillos y nuestro tesoro se medía en los casetes que usábamos para grabar las películas dobladas al español que pasaban en la televisión abierta. Las Guerras de las Galaxias, Indiana Jones,  Karate Kid, Rambo, Rocky, Desaparecidos en acción, La venganza de los nerds y joyas por el estilo. Tenerlas y saber que las podíamos ver una y mil veces era suficiente para que ese cuarto fuera nuestra habitación del pánico, el lugar donde podíamos estar seguros.

De esa generación de películas, una de las que más vi, de las que repetí hasta aprenderme de memoria los movimientos como si de una coreografía se tratase, fue KISS Meets the Phantom of the Park. Estoy seguro de que en Ecuador la pasaron con otro nombre, tal vez se llamaba KISS y los talismanes mágicos (recuerdo claramente que había talismanes de donde los cuatro héroes obtenían sus poderes) o KISS contra los robots (recuerdo claramente que peleaban, entre otros, contra robots) o quizás, conociendo a la mitad del mundo, se llamaba simplemente KISS, la película.


El caso es que KISS tocaba en un parque de diversiones y, días o puede que haya sido tan solo horas antes del concierto, el malo, un científico loco llamado Abner Devereaux (el nombre lo conocí hace cinco minutos y no me aguanté las ganas de mencionarlo) lograba clonarlos con robots y subir al escenario a esos impostores. El plan de Abner Devereaux era convertir a todos los fanáticos de KISS en zombis o clonarlos y hacerse con un ejército de robots o algo así, la verdad no lo recuerdo, pero el asunto era perverso. Y entonces, justo a tiempo para salvar al mundo, los KISS originales lograban escapar de donde fuera que estuvieran cautivos y, con la ayuda de una chica muy guapa, enfrentaban a sus clones y como no podía ser de otra manera les partían su mandarina en gajos. Luego tocaban Shout It Out Loud y Rock and Roll All Nite. Para ese punto yo ya estaba saltando sobre la cama o golpeando tarros de galletas o ambas cosas al mismo tiempo.

En esa película se cumplía una fantasía imposible y por eso mismo olímpica: el héroe de acción y la estrella de rock se juntaban en un solo personaje, como una incontenible fuerza de la naturaleza. Era demasiado. Era todo.

No sé cuándo fue la última vez que la vi, cuándo la empecé a sentir ridícula, cuándo la abandoné. Pero hace unos días volví a ver a KISS… mejor dicho los vi tocar en vivo por primera vez en mi vida. Y durante unas horas volvieron a ser mis héroes.  


El concierto fue el sábado 29 de septiembre en el Foro Sol de la Ciudad de México. Antes del milagro, sonaron por los parlantes Rock N’ Roll de Zeppelin y Won’t Get Fooled Again de The Who, y supe que los monstruos estaban calentando la garganta con rayos de fuego. KISS apareció cerca de la media noche, como cumpliendo con una leyenda. Un telón inmenso con su logo impreso en tamaño gigante se vino abajo después del clásico you wanted the best, you got the best, the hottest band in the world… Abrieron con Detroit Rock City, pero eso no fue lo mejor sino que llegaron bajando en una pequeña tarima, como si una nave los hubiese depositado directamente en el escenario desde el espacio exterior y esa fuera su escotilla. Fue como viajar al futuro. Fue como viajar al pasado. Fue como estar en un lugar congelado dentro del tiempo donde siempre existirá KISS y siempre será igual: cuatro extraterrestres empujando un asteroide, sin edad ni identidades secretas, criaturas mitológicas de la noche, criaturas con poderes.  

Y los poderes de KISS no son sólo musicales y hasta quizás hasta sea apropiado decir que en su caso la música es sólo un tele transportador de materia.

Pongámoslo de esta manera: si el planeta Tierra enviara a una galaxia lejana un conteiner impulsado por un cohete, cumpliendo así su parte de un intercambio cultural, en esa bodega ambulante con lo que consideramos más representativo de nuestra civilización, aquello que nos representa y en el mejor de los casos nos justifica como especie, no se incluiría ningún álbum de KISS –que dicho sea de paso sería una gran injusticia con ALIVE II– pero sí una foto y ojalá también un video en concierto. KISS tiene un valor estético milenario y de aquí a varios siglos pude que hasta los estudien en museos post-apocalípticos buscando en sus ojos los rastros de nuestra civilización, como lo hacen ahora con Tláloc, dios de la lluvia y la fertilidad.


El show de KISS tiene mucho de rock pero mucho más de pirotecnia y circo. Es como ir a Disney, como subirse a la montaña del espacio –si es que todavía existe– y terminar el día con la mirada encendida por los fuegos artificiales que parten el cielo, sobre la torre más alta del castillo, donde seguramente una princesa melancólica escucha Beth y suspira por un Hombre Gato. Por eso siguen dando vueltas por ahí, por eso nadie los puede igualar: porque ellos en su juego son los mejores, después de todo inventaron un juego propio con sus propias reglas, su propio tablero inflamable y su propio andar rockero al pasar por GO con una guitarra eléctrica colgando de la espalda.

Hay mucha gente que toca mejor o de manera más vanguardista, mucha gente que compone letras más profundas o más subversivas (¿algo más subversivo que querer rock toda la noche y fiesta todo el día?), gente que hace música como otros pintan murales y en una canción acomodan la vida entera, pero, a diferencia de KISS, ninguno  de ellos puede volar. Cuando Paul Stanley se desliza a centímetros de distancia del público –los brazos de los fans levantados en armas, los dedos rozando las botas del Niño Estrella–  hasta la mitad del campo, vuela y estando allá jala el gatillo de su Love Gun, la diva se cocina al dente en la hoguera de las vanidades. Cuando Tommy Thayer y Eric Singer (un KISS experimentado) se quedan solos en el planeta-escenario, un poco como Page y Bonham en el estómago de Moby Dick, el corazón del público se salta un latido, arde con la guitarra lanza llamas y canta alabanzas en las escalinatas de esa catedral que es una batería. (Nada de eso, claro, hubiese sido posible sin Ace Frehley y Peter Criss, sin la ilusión de pensar que mal que mal también los estamos viendo a ellos). Y Cuando Gene Simmons hace ruidos diabólicos con el bajo invocando al señor de las lenguas vivas, bota sangre por la boca, vuela hasta la rama más alta del árbol de metal del que brotan luces y allá arriba mágicamente concibe un micrófono, el demonio toca y canta God of Thunder y estamos ante lo que se conoce como una presencia del más allá: por mucho menos se fundan iglesias todos los días.


Como en aquella noche lejana en la que detuvieron a los maleantes de Abner Devereaux, KISS vino  y salvó a la buena gente de  México de los malos.

De madrugada, cuando llegué a casa, tenía un mail de mi hermana preguntándome cómo iban las cosas en el DF. Respondí con copia a mi hermano. Les conté que venía de ver a KISS, que es el mejor show que he visto en mi vida, y les pregunté si se acordaban de la película que teníamos grabada en VHS porque ver a KISS es como estar dentro de esa película. Y con eso quise decir que todo está bien. 

5 comentarios:

Ali Orrala dijo...

vaya resumiste todo el sentimiento hacia esta banda, en cambio yo los descubrí con los cds de mi padre y su pasado rockero setentero,aún no he tenido la gracia de verlos, cuando vinieron a Perú, está en mi lista de pendientes, pero me ha fascinado está entrada

Anónimo dijo...

Hasta hace unos minutos pensaba que los recuerdos de esa película eran producto de mi imaginación, también recuerdo con mucho cariño haberla visto y quedarme fascinado por esos extraños seres con superpoderes. El post me erizo la piel porque fue revivir algo que recordaba con mucho afecto.

De KISS nadie espera nada que sea musicalmente sorprendente, pero como bien señalas, la magia de la banda reposa en esos shows que parecen detener el tiempo. Aun no los he podido ver en vivo y espero poder hacerlo algún día, mientras tanto siempre nos quedan esas enormes canciones de rock que nos sabemos de memoria y gozamos como niños.

Tiriel

Juan Fernando Andrade dijo...

personal,

gracias x sus comentarios, y por favor no descansen hasta ver a KISS en vivo, les aseguro que no se arrepentirán!

saludes---

Anónimo dijo...

Yo nunca fui fans de kiss pero extrañamente si de su película para mi eran y siguen siendo primero superhéroes antes que músicos, creo que en la onda musical no se nada pero de películas sí y esa peli es grandiosa.

Larga vida al Kiss cinematográfico :D

Diana Elisa dijo...

Nunca he sido muy fanática del rock, pero recuerdo que cuando era adolescente, en mi casa siempre se escuchaban sus canciones porque era el grupo preferido de mi hermano menor, por lo tanto, de una u otra manera, descubrimos a este grupo y hasta nos aprendimos sus canciones. Y cuando los escucho en cualquier parte, siempre recuerdo esos años, y la habitación de mi hermano con sus posters, y su colección de CDS, sin embargo, no sé porque pero nunca llegue a conocer sobre esta pelicula, gracias por la información.